—¿Qué quería?— preguntó James cuando acabé de hablar con Katherine por teléfono. Hice una mueca de asco. —Quería "hablar sobre nuestro romántico beso a la salida de la escuela"— dije imitando su chillona voz. James rió. —La imitas a la perfección— se carcajeó él, a lo que yo me encogí de hombros fingiendo vanidad y me senté a su lado nuevamente en el sillón. Katherine era, por decirlo así, una vieja amiga. Nos hicimos amigos en el jardín de niños y desde entonces fuimos inseparables. Luego, vino la estúpida historia de que por haber faltado al "más importante partido" para ella, ya no volveríamos a ser amigos nunca más. Esa chica tenía un serio problema con eso del deporte, aún más el fútbol. No pude ir a verla un fin de semana y ella armó el más gran desastre conoc

