—¡Dusty!— exclamé mientras salía corriendo tras el gato. Harry rió. Estábamos en el parque. La idea había sido ir Harold y yo, pero no me pude resistir y terminé llevando a Dusty también, el único problema fue que el querido gato ninja siempre terminaba escabulléndose y ésta claramente no sería la excepción. —Deja que se vaya, de todas formas no lo vas a alcanzar— me dijo el simio. Volteé y miré a Harry con un puchero molesto, resentida por el hecho de que Dusty se fuera de mis brazos. Harold soltó otra carcajada y yo me crucé de brazos resignada, de todas maneras él tenía razón: jamás lograría alcanzar al gato. Caminamos en silencio hasta llegar a una banca que estuviera desocupada. ¡Claro! Ahora que venía acompañada había bancas, pero cuando estaba sola eran ocupadas abso

