Capítulo 8

2090 Words
Un grito ensordecedor se escuchó probablemente por todo el mundo.   ¿Si yo había gritado? Pues sí.   ¿¡Qué se creía la muy hija de mi abuela!? Llegaba y me decía que se iría de viaje con los padres de Harry, dejándome a solas con el simio, y no me daba ni siquiera una anestesia o algo para no alterarme. Vaya madre la mía.   —Jade, tranquila, no es que sea tan grave tampoco— dijo ella con una sonrisa cálida y una risita contagiosa.   No, madre mía, esta vez no me calmaría.   —¡Mamá! ¿¡Te has vuelto loca!? ¿Por qué rayos se van de viaje y por qué sin mí?— exclamé alzando cada vez más la voz.   Estaba molesta, bastante. No podía creer que mi madre me estuviera haciendo esto, era traición, ¡traición a su propia hija! No me quería quedar con el simio, al menos no por…   —Dos semanas y tres días— comentó mi madre refiriéndose a lo que duraría el viaje.   ¿¡Dos semanas y media!? ¿¡Dos malditas semanas y media!? Sí, estaba decidida, me colaría en el equipaje de mi madre de una forma a otra y me tendría que llevar sí o sí en su viaje. Problema resuelto.   —Tranquila, hija, estarás sola con Harry por dos semanas, no es para tanto— dijo haciendo una seña con la mano diciéndome como "no es tan importante".   Mientras que yo estaba ahí, echando fuego hasta por la nariz. Reprimí mis ganas de matar a mi madre, suicidarme, o matar a mi madre y hacer que pareciera un s******o, y luego de tomar una gran bocanada de aire, me senté en mi cama en un intento de calmarme.   Calma, Jade, sólo serán ¡dos malditas semanas en las que mi vida se va a arruinar! No podía evitar perder el control cuando pensaba en eso, es decir, estaba enojada, de verdad odiaba la idea de que tendría que compartir con Harry el simio Styles por tanto tiempo y además a solas.   —¿¡Qué!?— se escuchó una exclamación desde el piso de abajo.   —Creo que Anne ya le dio la noticia…— susurró mi madre y yo rodé los ojos.   Finalmente Harold se tomaba la noticia igual o peor que yo. Perfecto, si eso lo molestaba me encantaba, cuánto amaba molestar al torpe de Harry Styles.   —Tendrás que comportarte amable con Harry ¿oíste?— me repuso mi madre señalándome con su dedo índice.   —Como quieras— dije encogiéndome de hombros.   No me iba a pelear de aquello con ella, si le decía que no, empezaría con una pelea, y si terminaba aceptando, mi orgullo se iría por el desagüe. Prefería no decir nada muy prometedor y luego molestar a Harold igualmente.   —Bueno, Jade, compórtate cuando no esté, ¿de acuerdo? Mañana al mediodía es el viaje. Harry y tú ya estarán en la escuela a esa hora, así que no se preocupen— y dicho esto de su parte, salió de mi habitación.   Dos semanas viviendo con un simio idiota que no sabía diferenciar una manzana de una pera. Tenía que ser una broma.   ***   Seis de la mañana y yo estaba levantada cepillando mis blancos dientes. Normalmente me despertaba lo suficientemente temprano como para coger el autobús escolar, pero ahora que estaba viviendo en aquella casa no tenía ni la menor idea si debía seguir con mi misma rutina. Bueno, mejor prevenir que lamentar.   Mi cuerpo estaba envuelto en una toalla blanca que me llegaba hasta las rodillas. Agradecía a quien había construido esa casa por el hecho de haber puesto un baño privado en mi habitación. Terminé de cepillar mis dientes y me fui a vestir… con lo de siempre.   Un pantalón n***o holgado, una remera blanca que me quedaba grande y mi chaqueta con la letra P a un lado. Dios, me veía tan común y corriente que me sorprendía a mí misma.   En eso, cuando me estaba poniendo las zapatillas, alguien entra a mi habitación sin golpear la puerta o pedir permiso. Sí, damas y caballeros, sólo un simio es capaz de hacer tal estupidez.   —Ah, ya estás despierta— dijo medio adormilado.   —Sí, normalmente me despierto a esta hora.   —De acuerdo… — dijo él peinando su cabello de pasada.   Bostezó y yo reprimí una risa. Bostezaba chistoso… Luego de eso, me miró a los ojos, poniéndome nerviosa, hasta que luego desvió su mirada, bajando por todo mi cuerpo, hasta la punta de mis pies. Volvió a verme a los ojos.   —¿No vas a ir así a la escuela o sí?— preguntó asqueado por mi atuendo.   Arqueé una ceja. ¿Qué se creía él que venía a juzgar mi atuendo de nuevo? Ni que fuera diseñador o algo. Sólo era un simio. Un simio muy perezoso.   —Sí, por si no sabías, siempre me visto así— dije en defensiva.   —Lo sé— dijo haciéndolo escuchar como sí fuera obvio—. Pero ahora te vas en mi auto, y a menos que quieras que deje tirada una cuadra antes de llegar a la escuela, tendrás que cambiarte de ropa— demandó señalándome… entera.   Maldición. Yo nunca me iba en auto, y al decir aquello sentí el indirecto chantaje. Irme en su auto vestida como las muy huecas de la escuela, o irme en el autobús escolar, víctima de las zancadillas, pero con mi ropa de siempre.   Mi orgullo decía "¡Vete en autobús!", pero todo mi ser exclamaba "¡Rayos, Jade, a quién le importa la dignidad, es un auto!". Esta sería una difícil decisión.   —Em… bueno…— balbuceé indecisa.   Harry rodó los ojos.   —Te vas conmigo en auto, cámbiate de ropa, fin de la discusión.   A veces su irritante actitud ayudaba un poco.   —¿Y qué me pongo?— pregunté sin tener la menor idea sobre qué ropa él consideraba “pasable”.   —No sé, no soy diseñador o algo— Exactamente lo que yo decía—. A ver, ¿qué ropa tienes?   Abrí el armario y le mostré la poca ropa adentro. En realidad no me molestaba, toda esa ropa la había comprado yo o mi madre. Era ropa cómoda, holgada… además a nadie le interesaba la chica nerd, por lo que en realidad mi vestuario no era exactamente lo que más me importaba normalmente.   —¿No tienes algo más femenino?— preguntó Harry mirando el armario y susurrando de repente: "esos pantalones los tiene mi tío…" o "esa camiseta la usaba mi abuelo…".   —Pues…— dije pensando.   La verdad mi madre guardaba un poco de mi ropa femenina en una de sus maletas. Toda esa ropa me la había regalado mi padre, pero había decidido no usarla porque me sentía como una traidora usando la ropa regalada por el traidor. Mi madre guardó esa ropa porque, según ella, algún día la necesitaría.   Al parecer ese día, sería aquel.   —Mi madre guarda mi ropa femenina…— empecé a decir y no terminé la frase, ya que… pues… sólo eso sabía.   —Perfecto. Ve a pedirle la ropa a tu madre— dijo Harold escuchándose como si el problema estuviera resuelto.   —No puedo— dije desviando la mirada a cualquier punto de la habitación que no fuera Harry o su verde mirada.   —¿Por qué?— preguntó él poniéndose enfrente mío de manera que lo viera a los ojos.   —Es la ropa que me regaló mi padre…— murmuré más para mí misma que para él.   —¿Y?— cuestionó sin entender.   Suspiré. No le iba a ir dando explicaciones ahora, menos a… él. Era Harry Styles, no lo conocía lo suficiente como para confiarle un secreto, además se burlaba de mí a cada momento.   —Nada, nada— suspiré nuevamente—. Iré a pedirle la ropa— dije y salí de mi habitación para ir a la de mi madre.   Ojalá que no gritara…   Golpeé la puerta a la vez que decía un suave "Toc-Toc", y entré al no recibir respuesta. Mi madre… recostada en la cama con los pies a la cabecera y la cabeza al borde de la cama. Ella era tan normal…   —Mamá…— susurré moviendo su cuerpo exageradamente.   Mi madre me golpeó en los brazos con su mano y se volteó para seguir durmiendo.   Suspiré. Ella en lo de terca era peor que yo muchas de las veces.   —¡Mamá!— dije ahora un poco más fuerte y seguí zarandeando su cuerpo.   Ella bostezó.   —¿Qué?— dijo adormilada.   —¿Dónde está la ropa que me regaló papá?— pregunté tímidamente.   Ella sonrió abiertamente y me dio un abrazo de oso repentino. Bueno, al menos no había gritado de la emoción como lo había pensado anteriormente.   —¡Lo sabía! ¡Sabía que algún día querrías usar la ropa de tu padre! Ven, la tengo por aquí— dijo completamente despierta ahora.   Se levantó de la cama de golpe y se dirigió a su maleta. De ahí sacó un bolso más pequeño y me lo entregó.   —Espero te guste la ropa— sonrió débilmente.   Le sonreí falsamente. No estaba muy alegre que digamos, no por tener que usar la ropa que me había regalado, pero ya qué, al fin y al cabo, algún día tendría que usarla.   —Gracias, mamá, te quiero— y dicho esto salí de la habitación en dirección a la mía.   Llegué a mi habitación y me topé con Harry, subido a mi cama, con un sostén mío entre las manos. Mátenme. ¡Harry estaba revisando mi ropa interior! Lo golpeé en la cabeza despertándolo del trance de "Oh, ropa interior de mujer…" y le quité mi sostén de las manos.   —¿¡Qué rayos estabas haciendo, tonto!?— exclamé alterada.   —Viendo tu ropa interior— respondió él como un niño pequeño y una sonrisa traviesa y apenada se formó en su rostro.   Este chico era jodidamente incorregible.   Guardé mi ropa interior de vuelta en el armario y le lancé el bolso de mi ropa femenina a Harry, golpeándole en plena cara. Reprimí una risa y me crucé de brazos mientras él revisaba el bolso.   —Oh, vaya…— susurró mientras seguía inspeccionando. Alzó la mirada y me miró con sorpresa— ¡Hay un montón de ropa aquí!   —Ya, tan sólo dime que es aceptable para poder irme en un auto— dije a regañadientes. Retiró unas prendas del interior y las posicionó sobre la cama.   —Usa esto y ya, mientras sea ropa femenina estará bien… supongo— y dicho esto de su parte, salió de mi habitación cerrando la puerta con una sonrisa inocente pegada en el rostro.   Observé la ropa que había "escogido" Harry e hice una mueca de desaprobación. ¿Camiseta azul, combinada con una falda de puntos rosados y morados, y además una chaqueta blanca con rayas? Sí… No.   Cogí el bolso y luego de elegir ropa que verdaderamente combinaba, me vestí con ella y me fui a peinar el cabello en el baño.   La verdad la ropa que me había puesto me hacía incómoda… Pero el auto lo valía, supongo. Además ni que hubiera cambiado mi manera de ser ¿no?   Salí del baño y cogí mi mochila. Ya había pasado el tiempo, eran las siete de la mañana, al parecer había demorado más de lo que esperaba.   Suspiré pesadamente y salí de la habitación con la mochila colgando de mi hombro. Bajé las escaleras y dejé mi mochila sobre el sillón para luego dirigirme a la cocina para tomar algo de desayuno.   Entré a la cocina y una señora gritó dejándome casi sorda. Maldición, ¡tremendo grito! Si estaba en lo correcto era Anne… Esperen, ¿por qué la veía borrosa? Oh, rayos, se me habían quedado las gafas en el baño.   —¿Jade? ¿Eres tú?— cuestionó Anne. Sí, era su voz.   —Sí, se me han quedado las gafas…— dije incómoda.   La veía bien, cada vez mejor, pero tenía que agudizar mi vista para aquello, con las gafas era más sencillo, obviamente.   —Disculpa, cariño, tan cambiada, con esa ropa y sin las gafas, yo no…— empezó a decir ella y la voz de Harry a mis espaldas la interrumpió.   —¿Qué pasó?— cuestionó preocupado—. ¿Quién es ella?— dijo cambiando a su tono de coqueteo cuando se percató de mí.   ¿Era broma verdad? Tal vez los Styles estaban más ciegos de lo que yo creía. Eso o que el simio muy idiota de verdad no me había reconocido y se había creído que era otra "guapa" chica a quien podría ligarse. Idiota…   —Es… es…— tartamudeó Anne y preferí darme la vuelta para que el mismo Harold el simio Styles pudiera reconocerme más fácilmente.   —¿Jade?— preguntó mirándome más de cerca.   —No, Batman. Hombre, que soy Jade. Me he dejado las gafas, ¿me las puedes ir a buscar? Me las dejé en el baño— le pedí. No quería ir a por las gafas yo… me podía caer a la mitad de las escaleras…   —Sí, claro— y luego de eso, desapareció de la cocina, al mismo tiempo que Anne.   Escuché los pasos de alguien bajando las escaleras y cinco segundos después tenía las gafas en mis manos.   —Ahí las tienes— dijo Harry apoyándose contra un mueble de la cocina.   Sonreí y me coloqué las gafas. ¡Claridad ven a mí! Al fin podía ver todo claramente. Era tan extraño ver todo tan… borroso. Por algo usaba las gafas ¿no?   —Gracias— le dije a Harold intentando ser amable.   —De nada— sonrió mirándome desde la cabeza hasta los pies.   Sí, cuando hacía eso, definitivamente me sentía incómoda.   —¿Qué?— pregunté sin entender por qué me observaba tanto.   —Linda ropa— me halagó y yo bajé la mirada esperando que no viera mi sonrojo.   ¿Por qué maldición se comportaba tan caballerosamente últimamente?
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