JADE´S POV:Luego de haberme pasado todo el camino de la casa a la escuela escuchando la música irritante de Harry, llegamos al colegio a un tiempo aceptable, para que después de haber entrado al estacionamiento, Harold Simio Styles aparcara su auto en su "lugar privado". Pero qué chico tan engreído era.
Cogí mi mochila, la puse sobre mis piernas y me puse pensar: tenía hambre. Bastante. Esto me pasaba por no desayunar. Pero para qué mentir… El desayuno que me había ofrecido la madre de Harry parecía vómito de… de… de rana. Sinceramente asqueroso.
Mi estómago rugió por el hambre y volteé para ver si Harry había escuchado el rugido de león provocado por mi falta de comida. Pero no. Sólo estaba ahí, lamentándose en silencio mientras golpeaba su cabeza contra el manubrio del auto.
Rodé los ojos al presenciar el infantil comportamiento de Harry, y, como si estuviera leyendo su mente, comprendí que estaba así por el hecho de no saber qué decirle a sus amigos. Eso y que susurraba para sí mismo: "mi popularidad, ¡noooo!". Y lo entendía. Claro, que alguien se enterara de que Harry el asombroso Styles había estado en el mismo auto que Jade la nerd Thirlwall debía de ser humillante para él.
Suspiré y generando en un tiempo récord una buena excusa para que le dijera a los demás, le di la respuesta a sus problemas.
—Tu mamá te pidió que me llevaras, si no lo hacías te castigaría. Te lo pidió por asuntos personales. Conozco a tu madre porque mi madre era amiga de ella en la universidad. Las demás preguntas que te hagan… no sabes las respuestas— dije fríamente haciéndolo quedar sorprendido.
Si estudiabas las circunstancias, la excusa no estaba lejos de la realidad. Observando el asombrado rostro de Harry, le dije secamente:
—No hablamos en la escuela por nada del mundo, ¿no?— y dicho esto de mi parte, con el riesgo de sonar tosca, salí de su auto cerrando la puerta con un fuerte portazo.
Entré por las puertas principales de la escuela y como si lidiar con Harry no hubiese sido suficiente estrés por esa mañana, mi primer encuentro fue Guinevere Jones, la chica más atractiva y egocéntrica de toda la escuela. Esperando que me ignorara, como solía hacer la mayoría del tiempo —si es que no estaba ocupada insultándome—, continué de largo hacia mi salón.
Pero no fue cómo lo había esperado.
Al pasar por su lado, sentí claramente la zancadilla de parte suya en mi tobillo, haciéndome tropezar ridículamente a la vez que mi mochila se estrellaba contra el suelo.
Por un infierno. Cuánto odiaba que me hicieran esto.
Me levanté con dificultad y cogí mi mochila bruscamente antes de dirigir mi mirada hacia Guinevere.
— ¿Qué?— dijo ella inocentemente—. Deberías tener más cuidado— comentó haciéndolo ver como un simple consejo del momento y siguió charlando con sus dos perras falderas: Cher y Melissa.
Me sentía venenosa insultando mentalmente a esas chicas, pero sinceramente ese día no estaba de humor. No desde que me había enterado de que tendría que pasar dos semanas y media con un simio que tenía el cerebro del tamaño de un maní.
Retomé el camino hacia mi salón, cuando al llegar y sentarme en mi asiento, noté que el llavero que me había regalado mi madre, no colgaba del cierre de mi mochila.
Traté de no alterarme y pensar fríamente, pero no fue sencillo al recordar que aquel llavero se lo había regalado mi abuelo antes de fallecer, y mi madre me lo había entregado en mí con el pensamiento de que yo lo guardaría responsablemente.
Dejé mi mochila sobre la silla y caminé rápidamente hasta el lugar donde me había caído "accidentalmente", esperando hallar el objeto tirado por algún lugar cercano.
Estaba a punto de llegar cuando, por andar tan distraída del mundo exterior y absorta en la búsqueda del llavero, choqué con alguien. ¿Quién? No tenía idea. Sólo sabía que llevaba unos vaqueros, unas chaqueta de cuero y…
—Disculpa, no te vi— dijo él, mirándome con sus dos hermosos ojos azules.
Oh, Dios, era el mismísimo James Blair. Era mi amor platónico, con quien nunca había hablado y ahora al fin podía intercambiar palabra. La emoción que sentía por dentro en definitiva no se comparaba con mi expresión de afuera, en nada.
—N-no importa— tartamudeé ridículamente.
Noté tardíamente que estaban sus amigos también, lo que inevitablemente, me hizo sentir más nerviosa…
—¿Jade, no?— cuestionó él con una encantadora sonrisa haciéndome sentir mariposas en el estómago.
James Blair sabía mi nombre. ¿Esto podía ser más perfecto?
—S-sí. Soy Jade— dije tontamente.
Podía verme ridícula, pero estaba hablando con James y eso ya me hacía olvidar cualquier posible humillación.
—Un placer. ¿Nuevo look, eh? Te ves bien— me dijo él dulcemente y yo le sonreí en un intento de no lucir tan nerviosa—. Y linda sonrisa también— comentó provocando que más mariposas se posaran en mi estómago y que un sonrojo se asomara por mis mejillas.
James Blair había dicho que tenía una bonita sonrisa.
James Blair había dicho que me veía bien.
¡James Blair me estaba matando!
—Gracias— murmuré tímidamente.
—De nada. Sólo soy honesto — comentó él con una sonrisa en el rostro y yo me sonrojé aún más.
¿Cómo lograba comportarse tan común y corriente, mientras que yo estaba ahí muriendo de la vergüenza ante su mirada?
—Nos vemos luego— dijo sonriéndome en despedida y yo sólo hice un gesto con la mano.
Luego de eso, se alejó con su grupito de amigos, a quienes ni siquiera vi ya que estaba muy concentrada en él, en James, en sus hermoso ojos azules, en su encantadora y permanente sonrisa, en… Necesito controlarme.
Aún estaba volando por las nubes, cuando repentinamente el recuerdo fugaz del llavero me hizo aterrizar en tierra. Casi lo olvidaba. Nuevamente embargada por la preocupación, me puse a buscar el llavero por el suelo.
Solamente me tomó un par de minutos encontrarlo. Suspiré con una sonrisa aliviada y me agaché para recogerlo. Sin embargo, el pie de alguien lo pisó antes de que pudiera hacerlo. Levanté la mirada para ver de quién se trataba.
¿Guinevere?
La miré con desconcierto y ella se acercó poco a poco a mí, doblegándose sobre sí misma, y cuando ya estaba a centímetros de mi rostro, me murmuró amenazante:
—No te acerques a mi James, ¿de acuerdo?— Se volvió a incorporar y su pie hizo un movimiento brusco que provocó un sonido estridente de algo rompiéndose.
Guinevere se volvió a acercar como lo había hecho antes y me dijo furiosa las palabras "sólo una advertencia, querida", para luego irse con sus perritas falderas a quién sabía dónde.
Volví mi mirada hacia donde estaba el llavero, y éste descansaba roto en el suelo.