Camila se sintió fuera de lugar, pero no podía negar lo que era verdad. —Vamos, Gaby, nuestro chofer te llevará a casa —dijo Emmanuel. —¿No me llevarás tú? Es que me siento màs tranquila. —No, mi chofer es de confianza, de todas maneras, irás tranquila. Gaby escuchó el tono de voz severo, y corrió a abrazar a Camila. —Camila, te avisaré en todo momento si me siento bien o mal, ¿está bien? Camila sonrió. —Claro que sí, estaré muy al pendiente. Luego, Emmanuel y Camila fueron a casa, mientras su madre les seguía. —Lamento que mamá se haya enterado. —No, Emmanuel, de todas maneras, iba a saberlo, además, bueno, es la abuela de nuestro hijo. Camila apretó su mano. —Ya esperamos un hijo, Emmanuel. Èl sonrió, besó sus labios con fervor. —Te amo, mi amor, soy feliz, porque tú me ha

