—Zoey, debes perdonarlo. Zoey mirò los ojos de su madre, la miraba como si fuera una loca, apretó sus puños. —¡Nunca! ¿Cómo puedes decirme eso, madre? ¿Cómo puedes pedirme que lo perdone? ¡Ese hombre destruyó mi vida! Creí en su amor por segunda vez y él rompió mi corazón, además renegó de su hijo. Tú no sabes el dolor que me causó, ¿perdonarlo? ¡Jamás! —gritó con rabia. Su madre comenzó a llorar. —¡Entonces! ¿Quieres tú mismo futuro para tu hijo? ¿Quieres que crezca sin su padre? Zoey se sintió tan triste por las palabras de su madre. Fue a su habitación y cerró la puerta con fuerza. No quería verla, no quería escuchar nada de ella. *** Al dìa siguiente. Cuando Zoey fue a la empresa, encontró ese ramo de rosas sobre su escritorio; había una tarjeta en la mesa. Las manos de la

