Cuando volvieron a la cabaña, Camila le dijo a Emmanuel que tenía una gran sorpresa. Le pidió que fuera a la habitación y la esperara ahí. Emmanuel estaba nervioso, pero aceptó, sabía que algo seguro se le había ocurrido. Cuando ella llegó, él sonrió. Emmanuel estaba sentado al filo de la cama y ella puso en su móvil una música sensual. —Señor Harp, ya que ahora soy de nuevo una prometida, debo seducirlo, no vaya a ser que alguien me lo robe por ahí. —Muy cierto, a ver sedúceme. —¿O sea que si eres un facilón? —exclamó ella molesta. Él sonrió. —No. Yo soy solo tuya. Camila sonrió. —Señor Harp, usted es todo un seductor. Camila comenzó a bailar sensualmente, mientras se quitaba cada prenda de ropa lentamente, y Emmanuel la miraba con ojos brillantes de lujuria y deseo. Quería qu

