Ernesto fue a la habitación, observó a su esposa dormir, lamentó que estuviera tan enojada con èl. Cuando se acostó en la cama, notó que ella se puso rígida, con los ojos bien cerrados e inmóvil, no parecía dispuesta siquiera a mirarle. Ernesto la abrazó, se acercó a ella. —No dejaré que nadie vuelva a ofenderte, te amo, sé que lo sabes. Ernesto esperaba una respuesta, pero no recibió nada, decepcionado, cerró los ojos, pero no dejó de abrazarla. Al dìa siguiente. Cuando Hosanna fue a la fundación, contó todo a Camila, ella le tomó la mano. —No tienes de que preocuparte, Eric es tu hijo, nadie puede quitártelo. Ernesto es un poco menso, pero, al menos, se atrevió a enviar a esa mujer a la China, eso representa algo, ¿no lo crees? —Sì, hoy es nuestra primera sesión de terapia, y no

