Todos tenemos un limité. No obstante, resulta que tarde o temprano esa templanza que hemos mostrado flaquea. Al llegar a su casa, Margaret trato a toda costa por deshacerse de su estudiante, tarea que no fue victoriosa.
—Una vez más, gracias por traerme. Has actuado de forma muy amable, puedes marcharte, yo estaré —dijo Margaret con firmeza, su intención era lograr que Ethan se fuera de inmediato.
—Vaya, la defiendo, soy su chófer y usted solo me echa, estoy muy decepcionado —Ethan agacho su mirada, provocando que su maestra se sentirá conmovida.
—No quiero que te sientas mal, de verdad valoro mucho lo que hiciste, pero ya debes irte, no es correcto que esté en tu auto por mucho tiempo —Margaret quiso bajar del auto, pero Ethan fue más ágil que ella, así que la arrinconó.
—¿Tanto miedo me tiene? No muerdo, soy muy dócil —sonrió Ethan de manera lujuriosa.
—Tú no me asustas, ¡Eres un niño!, además… —Margaret sudaba.
—Con que eso piensa de mí, tendré que demostrarle que no lo soy —Ethan la tomo del brazo y aprovechando que quedaron frente a frente le planto un feroz beso.
—¡Detente! Esto no es correcto —Margaret intento controlarse—, por favor te lo pido, toma conciencia de lo que estás haciendo.
—Sé muy bien lo que hago, además le encantará —Ethan, con sutil ligereza, hizo un movimiento que enloqueció a su débil profesora.
—¡Por favor!, yo… —ya era tarde, por más que Margaret intentará resistencia. La lujuria la termino doblegando, a tal punto, que en cuestión de segundos, su humedad la puso en evidencia.
—¡Deja de negártelo! Puedo notar que ahí abajo, está ardiendo —Ethan volvió a acariciar con vehemencia a Margaret.
—¡Soy tu maestra!, esto es…—Margaret ya estaba en su límite.
—Eso no me importa, además no me mienta, usted también lo desea.
— ¡No es así! —refutó Margaret.
—Bien, entonces si no le gusta, lo que estoy a punto de hacer, puede detenerme.
Ethan, no seguiría conteniéndose. Así que con sutileza; él deslizó una de sus manos por la entre pierna de Margaret.
—¡Chiquillo, tú…! —aunque Margaret estaba siendo doblegada, por un tenue hormigueo, ella aún conservaba algo de conciencia—. Si no quieres que tome medidas extremas, lo mejor, es que seas prudente.
—¿Qué me hará?, ¡Expulsarme!, déjeme decirle que eso no me importa en lo más minino, si logro mi propósito, seré dichoso —lo único que haría feliz a Ethan era calmar su ímpetu, así que continuo con su jugueteo en el interior de la flor de su maestra.
—¡Ah…! Espera, yo —exclamó Margaret, mordiendo sus labios.
Para ese momento la cordura había abandonado a Margaret, los movimientos de su estudiante eran hábiles. Así que ella quedó, a su merced.
—Ve, sus gestos y la forma en la que trata de apaciguar su voz me lo dice todo. Vamos, confiéselo sin pena alguna, usted también ha fantaseado conmigo.
Tal fue el control que Ethan ejerció en Margaret, que en su mente, solo estaba el deseo de ser llevada al éxtasis.
—Profesora, que le parece si seguimos en su casa, ¿o querrá, que alguien nos vea?
—¡Estás loco! Claro que no, no quiero que alguien nos vea, además, tampoco entrarás a mi casa.
—¡Segura! Sus piernas tiemblan.
—¡¿Quién ha dicho eso?!, ¡por favor déjame salir!
—Lo lamento, eso no sé podrá. Más bien atiéndame, miré como estoy. Entremos, solo será una vez —Ethan convenció a Margaret, y al entrar a la casa de esta; él la tumbo en el piso.
—¡Ya basta de juegos! Detente, aún estás a tiempo de no cometer una locura, te lo suplico.
—¡Profesora!, lo que siento no es una broma, desde hace mucho la he deseado. No me rechace.
—¡Tan solo, eres un niño!
—¡No lo soy!, ya tengo veintidós, no hay nada que nos pueda separar.
—Esto no es una cuestión de edad, sino de lo que es correcto. Nuestra relación es profesional.
—A partir de hoy, no lo será —sutilmente, Ethan fue besando a Margaret, y en cuestión de segundos la atrapo. Hacía mucho que había olvidado los placeres.
—¡Hazlo de una vez, o me volveré loca! —la cordura desapareció de Margaret.
—Será complacida mi reina —Las embestidas de su estudiante provocaron en Margaret un estado de total gozo, hacía mucho que no experimentaba tales sanciones, su voz no se contuvo.
— ¡Ahh!… Sigue, ni se te ocurra detenerte.
—No te preocupes, hoy te haré gozar.
Ethan, en su anhelo de elevar a su maestra, aumento la fogosidad de sus movimientos, haciendo que ella llegase a la gloria.
—No sabes cuánto espere por esto, desde que te vi tu imagen se grabó en mi ser, noche a noche aparecías para atormentarme. Sin embargo, por fin todas mis ilusiones se hicieron realidad —Ethan estaba lleno de euforia, caso distinto al de Margaret.
—¡Vete, largo de aquí! —Margaret estaba fuera de sí, era una mezcla de enojo y tristeza.
La felicidad eterna no existe, para conquistar aquello que has deseado con todo tu ser, debes estar en la capacidad de soportar los diferentes obstáculos que se te presenten. Viendo el estado de Margaret, Ethan salió de su casa en total silencio, pero lleno de vitalidad y como no hacerlo si por fin había hecho suya a aquella mujer que parecía inalcanzable.
Sintiéndose desorientada, Margaret se reprendía así misma «¡¿qué carajos hiciste!? ¡Demonios, le falté el respeto a mi profesión!». Tratando de volver en sí, ella se dedicó a hacer labores de limpieza, revisó la agenda para su siguiente clase, por último se preparó algo ligero para cenar. Y al estar ocupada, su mente estuvo ocupada, en algo que no era el recuerdo de Ethan, sin embargo, dicha situación cambio al llegar la noche.
«¿Qué es lo que te pasa!?, hace un rato, te estabas muriendo por tus actos. Y ahora lo extrañas a más no poder, ¡loca fue que te volviste Margaret Smith, loca!».
Tal era el fuego que recorría el cuerpo de Margaret, que aprovecho su desnudez, se acostó en su cama, abrió sus piernas para jugar con su flor.
—¡Ah…! Lo necesito aquí —los gemidos de ella no pararon, ardía por el frenesí—. Esto es inaudito, siento que mis propias manos, no son suficiente, así que…
La mujer se levantó, camino hacia su mesa de noche, busco entre sus juguetes, y tomó aquel que solo usaba en ocasiones espaciales. Luego volvió a la misma posición, y se lo introdujo con gran ferocidad, sus movimientos fueron versátiles, lo único que ella deseaba era volver a experimentar aquel éxtasis.
—¡Ah!, ya casi…
Al saciar su sed, todo recobro su estado normal. Margaret se acostaría, para ver si así regresaba a sus cabales, pero eso no le sería permitido.
—¡Voy, un momento, por favor! ¿Quién podrá ser a esta hora? —Margaret se vistió, bajo las escaleras y abrió la puerta con timidez—. ¡Duncan! ¿Qué haces aquí? ¿Quiénes son estos hombres, y porque están aquí?
—Es ella, ella es mi hermana, y como acordamos, pueden llevársela —sin importarle lo que pudiese sucederle, Duncan permitió que Margaret fuese atrapada.
—¡Esperen, no toquen, suéltenme!, ¿Qué quieren de mí? —Margaret forcejeaba, mientras observaba como su hermano permanecía inmóvil—. ¡¿Acaso no harás nada?!
—Lo siento hermanita. Tienes que hacer todo lo que se te ordene, ¿no creo que quieras verme muerto?
—Lo que suceda contigo me importa un carajo. Tu existencia no es más que un martirio para nuestros padres.
—Entonces, hazlo por ellos. Al fin de cuentas, has sido la favorita desde un principio.
—¡Imbécil!, esta vez no haré nada, y ustedes suéltenme o gritaré más fuerte para que mis vecinos se despierten y así ellos llamen a la policía.
—¡Cállate! Vendrás con nosotros o tus padres y hermano terminarán muertos —replico uno de los hombres que la sujetaba,
Margaret no sabía qué sucedía en ese instante, gritaba a más poder su hermano no intervino al ver tal negativa guardo silencio. Y solo dejo que esos hombres se la llevaran, en todo el camino solo sollozaba, sus lágrimas caían. Algo dentro de sí, le decía que su hermano una vez más tenía deudas de juego, y como costumbre, ella sería el medio de pago.
Cuando llegaron al sitio destinado, Margaret, bajo destrozada, sabía que debía permitir ser tocada un viejo gordo y asqueroso, como había pasado seis años atrás, pero esta vez no sería un viejo gordo, alguien distinto esperaba por ella. Duncan, junto a aquellos hombres, entraron a la mansión,
—¡Jefe, aquí está la hermana de este tipo!
—¡Bien! De verdad que es una preciosura, su cuerpo vale la pena —en ese instante aquel hombre se le acercó a Margaret, le alzo la blusa de su pijama, la observo con detenimiento. Hasta que pidió que la llevaran a su cuarto, para que la dejaran encerrada, pero dicha petición se vio interrumpida.
—¡Papá! ¿Qué sucede aquí? ¿Por qué tienen a mi maestra de esa forma? —Ethan lucía extrañado, y a la vez ofuscado, al ver en las condiciones en la que se encontraba, la mujer de sus deseos—.¡Suéltenla, de inmediato!, ella es mi maestra.
—¡¿Qué, como así que tu maestra?! —preguntó extrañado Angus.
—Sí, ella lo es, porque la tienen así, suéltenla de inmediato, oh… —Ethan no permitiría, que Margaret continuará siendo el centro de diversión.
—Ya oyeron a mi hijo, suéltenla —Angus conocía la testarudez de su hijo, así que una discusión con él, no era su objetivo.
Margaret fue soltada, no comprendía que pasaba su alrededor, su hermano no le decía nada, y para colmo de males, Ethan, su alumno, era el hijo de aquel hombre, pero pronto sus dudas serían resueltas, Ethan se le acercó a Margaret, le pidió que por favor lo acompañara, y ella, así lo hizo.
—¿Está bien, esos idiotas no le han hecho nada?
—Estoy bien, gracias por salvarme de nuevo, pero explícame ¿Ese hombre es tu padre?
—Sí, él es Angus Pirs, mi padre, dueño de los casinos y hoteles Castle y al parecer su hermano tiene una gran deuda con él.
—Así parece, y por lo que presiento, que yo seré el medio de pago.
Ethan salió enfurecido de la sala, se dirigió a afuera donde estaba su padre, hablando con el hermano de Margaret, y apenas lo vio arremetió contra él.
— ¡Eres un maldito! ¡¿Cómo te atreves a ofrecer a tu propia hermana como el pago de una duda?! — la furia dominaba a Ethan, por lo cual golpeo a Duncan.
—¡Estúpido, enclenque! Como te atreves… —Duncan intento devolver el golpe recibido, pero fue detenido por uno de los hombres de Angus.
—Mucho cuidado con lo que haces, no sé te olvides con quien tratas. En este momento, si lo deseara, te reduciría a polvo. Papá, ¿dime cuanto te debe este infeliz?
—Me debe más un millón de dólares ¿Por qué? —Angus esbozo una tenue sonrisa.
—Yo te pagaré esa deuda, lo haré, con la condición de que dejes a mi maestra en paz.
Angus acepto la propuesta de su hijo, y es quede pequeño él siempre había obtenido lo que él quería, de alguna forma encontraba la forma de negociar. Ethan volvió a la sala para proponer un curioso trato a Margaret.
—Profesora, no se preocupe, todo está saldado, yo pagaré la deuda del infeliz de su hermano.
—¡Que! ¿De seguro es mucho dinero, y yo no lo tengo?
—No se preocupe, yo sé cómo puede pagarme —la mirada de Ethan se detuvo, al percatarse de la ceñida pijama que llevaba puesta su maestra.
—Dije que es mucho dinero, y yo no te lo podré pagar —volvió a asegurar Margaret, en lo que intentaba taparse.
—Despreocúpese, yo le tengo la solución perfecta —Ethan tumbo a Margaret sobre el sofá, la beso, acaricio su cabello y le susurro: «la mejor forma de pago, será que usted me consienta, así como en su casa. Soy mejor opción que mi padre».
Margaret volteó su rostro, se quedó pasmada por unos segundos y luego respondió.
—Está bien, haré lo que tú desees, la vida de mis padres es más valiosa que la mía, con la deuda salada ellos estarán tranquilos.
—Pero no mire así, yo… —Ethan sintió un poco de remordimiento, su maestra lucía consternada—. Lo único que procuro, es ayudarle, mi padre es un ser despiadado.
—Ya estoy acostumbrada a este tipo de situaciones, además no será tan difícil pagarte. Por favor quiero irme a casa, ya he tenido suficiente por hoy.
—Comprendo, deje que la lleve.
—No, necesito paz y contigo no la tendré.
—Entiendo, le pediré a mi hombre de confianza que la lleve.
Sucede que al obtener un triunfó no siempre el sabor es dulce. Ethan sabía que Margaret accedería a todo con tal de resguardar la integridad de sus padres. Pero en el fondo él no dejaba de cuestionarse. Después de todo en qué se diferencia el de su padre.
Continuará