37. Terradillos está desierto cuando llegamos y, mientras deambulamos buscando señales, a nuestra izquierda nos encontramos con un garaje abierto. En el interior, un tipo busca a tientas las herramientas que cuelgan de la pared. Sale a la calle y nos muestra cómo continuar. Más adelante, dos ancianos de ochenta años, uno inclinado hacia adelante se para sobre dos palos, nos dicen palabras que no entendemos pero, dada la expresión de sus rostros, asumimos que es algo amable. Nos sentamos a la sombra de un dosel, en un banco de madera adyacente a una iglesia. Solo hay el grito de un cuervo y algo traqueteando a nuestra derecha. Me recuerda esos paisajes occidentales de las películas de Sergio Leone: casas de madera construidas alrededor de un claro polvoriento que se destacan sobre un ciel

