Gerardo y Susan, llegaron a la discoteca, fueron guiados hacia una mesa que ya les tenían reservada muy cerca de la pista de baile. Gerardo le dio una generosa propina, al hombre que los guio a la mesa, guiñándole un ojo mientras lo hacía; el hombre sonrió y se retiró, a los pocos segundos les sirvieron las dos primeras copas. —Parece que tu influencia, tambien llega a este lugar, Gerardo —le dice Susan un tanto nerviosa— te atienden con mucha prontitud. —Es que quiero impresionar a la bella dama que me acompaña —le dice el sonriéndole— he ordenado que te sirvan, la especialidad del barman; es una bebida deliciosa; espero que te guste. —Es exquisita, Gerardo —le dice ella, después de saborear el primer trago—es muy suave; ya comenzaste a impresionarme. —He venido varias veces a est

