"¿Qué ocurre? pregunta tímidamente Cecilia Ariana Santamarina, quien está enamorada de Hao. ¿Ha hecho algo malo Isabel?"
"Sí, trata de robarme a Kaito. Kaito es mío" dice Rita, tratando de liberarse de los brazos de Hao.
"Te lo advierto, aléjate de ella" amenaza Kaito a Rita. "No permitiré que la lastimes"."
¿No me digas que estás de su lado?" Rita pregunta, rota de dolor en su corazón.
"Deja a Isabel en paz, ella no es zorra ni nada por el estilo, a contrario, ella es dulce, amable, bella por dentro, es hermosa, tiene una bellísima alma y un gran corazón. Ayuda cualquier necesitado, es un ejemplo".
"Por favor, deja a Isabel en paz. Ella es una persona amable, dulce y hermosa por dentro. Siempre está dispuesta a ayudar a los demás y es un gran ejemplo a seguir".
"También eres una persona muy amable y hermosa" dice Cecilia tímidamente a Hao.
"Tú me quitaste a mi novio. No lo dejaré solo para que puedas confesarte" reprocha Rita.
"Ya no soy tu novio, terminamos. No quiero tener a una novia celosa y psicópata a mi lado", dijo Kaito mientras Rita se alejaba furiosa.
Mientras tanto, Quijote Mel, un hombre que bebía y fumaba en exceso, se había enamorado de Isabel desde el primer momento en que la vio. Había decidido casarse con ella y había incluso planeado la boda, pero no le había propuesto matrimonio.
"Todo está listo, señor".
Isabel se enteró de la boda gracias a una mujer que le contó todo. Ella le dijo a Mel que no se casaría con él. Sin embargo, Mel no se rinde.
"¡Serás mi esposa!" -Gritó mientras se iba.
De repente apareció unos hombres. El ataque inesperado dejó a Isabel rodeada y a merced de los agresores. Sin embargo, justo antes de que pudieran llevársela por la fuerza, apareció Kaito para enfrentarlos. Con su katana en mano, luchó sin descanso. Mientras tanto, Isabel se armó con una simple rama y peleó con todas sus fuerzas. Al final, el samurái Kaito salió victorioso, aunque con heridas y agotamiento. A pesar de todo, estaba feliz de haber defendido a la mujer que amaba.
Al llegar a casa, Isabel atendió rápidamente sus heridas.
"Gracias", dijo Isabel.
"De nada, Isabel", respondió.
Cecilia interrumpió a Kaito justo cuando estaba a punto de besar a Isabel."¿Qué les pasó a los dos?" pregunta Hao. "Cecilia, míralos, algo pasó".
"Oh no, mejor, vayan a descansar, nosotros haremos el resto".-Dice Cecilia sonriendo y agarra las cosas sucias.
"No hay problema, ustedes pueden ir a descansar mientras nosotros nos encargamos del resto" dijo Cecilia mientras recogía los platos sucios con una sonrisa dulce.
"Cecilia, eres encantadora" dijo Hao antes de desaparecer con ella.
"Estar contigo me llena de esperanza" dijo Kaito tomando las manos de ella y entrelazando sus dedos. "Eres perfecta".
Un grupo de bandidos llegó al mercado con el objetivo de robar todo lo que pudieran, incluso los alimentos que los compradores ya habían adquirido. En este momento, Isabel intervino y les pidió que dejaran a la gente en paz. Los bandidos la notaron y se rieron sin control.
"¡Eres solo una niña!". Saca su arma de fuego.
"Te mostrare lo que puede hacer esta niña". Dijo, mientras sacaba una katana. Todos ellos la rodearon y la amenazaban de matarla si ella se metiera.
"¡Déjenla en paz!." Exclama una voz varonil detrás de los hombres, al voltearse, vieron a Kaito con su katana, ambos estaban listo para luchar.
Tömörbaatar arrojo piedras hacia los ladrones.
Uno de los bandidos dijo: "Ya verán ambos". Sin embargo, resbaló al pisar una cáscara de plátano y banana que Tömörbaatar había colocado a propósito en el suelo.
Isabel peleaba con el líder, habría aprendido bastante bien pero este le saco su espada de una patada, pero ella no se quedo atrás, y le pateo las partes intimas, el agresor no podía respirar, le dolía sus partes, cayo arrodillado ante a ella. Esta aprovecho y le arroja un tomate podrido a unos de ellos.
Kaito casi deja d*****o a unos de los bandidos, primero le corto la camisa, y luego el pantalón. Estaba a punto de cortar su ropa interior, pero el ladrón dejo de pelear y pidio piedad para no quedar d*****o ante el mundo. Los bandidos no vieron la hora de escapar.
Benjamín se ofreció para ayudar a una mujer a levantarse del suelo, pero cuando la vio, quedó impactado. Nunca antes había sentido algo así.