—Lo sé —dije con media sonrisa amarga. Ambos disfrutaban jodiéndome. Pero también sabían cómo era yo. —Tío Max —el hijo mayor de Ryker corrió hacia mí. Genial, otro chiquillo. —No te vi en toda la fiesta —le dije. Me cae mejor, él no babea. —Estuve jugando con mis amigos —respondió. —¿Te divertiste? Asintió. —Qué bien. Y nunca olvides: si alguien te golpea alguna vez... —Dale dos más, y más fuerte —continuó él. —Eso es... —¡Maximilian! ¡No le enseñes a mi hijo a ser violento! —me regañó Meredith mientras acomodaba unos regalos. —Mira quién lo dice, la reina del ring en... —Cierra la boca o te la rompo —me amenazó. —¿Ves que tengo razón? —le susurré al niño. —¡Max! —advirtió ella—. Ve con tu nana, mi amor, debes descansar. El niño asintió obediente, se despidió de mí y se ale

