Capitulo 43 — Lo que más amo Maximilian Después de pasar casi media hora conduciendo para encontrar las tartaletas que mi pequeña quería y casi otra media hora manejando hasta su edificio, por fin estoy frente a su puerta. Tengo la caja de tartaletas en una mano y, en la otra, un pequeño ramo de flores rosas que huelen igual que ella, suave, dulce… adictivo. Cuando la puerta se abre, puedo sentir como mi corazón se detiene. —Buenos días… tardaste un poco —dice, sonriendo e iluminando mi mañana. Es esa sonrisa que me mata. Pero lo que me termina de rematar es cómo se ve. Lleva un vestido rosa claro, suave, de tirantes finos. Se ajusta justo bajo sus pechos, donde la tela se frunce ligeramente, y cae suelto hacia abajo… excepto en la parte donde su vientre redondito ya no permite qu

