Capitulo 9 — Se acabó...
Maximilian
Mi mente me gritaba que esto no estaba bien.
Mis alarmas estaban encendidas, advirtiéndome que esto ya había ido mucho más allá de lo que debía… y que no podía seguir.
Pero tampoco podía dejarla.
Estuve casi un mes en Berlín, y pasé los últimos días con un humor insoportable, porque lo único que deseaba era tomar el maldito avión y volver. Volver solo para verla a ella.
No me esperé este abrazo.
Pero tampoco pude evitarlo.
Su aroma me envolvió, suave, cálido… familiar. Mis sentidos se rindieron a ella, a la mujer que tenía en brazos. Era como si el mundo se redujera al sonido de su respiración contra mi cuello y al temblor leve de sus dedos aferrándose a mí.
La extrañé más de lo que podría admitir.
Hundí mi rostro en el hueco de su cuello y respiré su aroma. Ese perfume —mezcla de vainilla y algo más, algo solo suyo— me golpeó con una fuerza que no entendía.
Y entonces lo sentí: la calma. Esa paz que no hallaba en ninguna parte, solo en ella.
—Creí que no vendrías más —murmuró contra mi piel, su voz tembló un poco.
—Tuve muchos asuntos que resolver —respondí, más cortante de lo que quería.
No debía hablar de mi vida privada, no con ella. Pero cada vez me costaba más mantener esa línea.
Porque quería saberlo todo.
Dónde dormía. Qué comía. Qué la hacía sonreír o llorar.
Y me detenía, porque si daba un paso más, sabía que no habría marcha atrás.
Ella levantó la mirada, y por un instante la habitación se volvió demasiado pequeña. Su boca estaba tan cerca que podía sentir su aliento mezclándose con el mío.
Mis manos se tensaron en su cintura, obligándome a mantener el control. Ella era la chispa que encendía el fuego en mi y yo era un hombre que había pasado la vida entera aprendiendo a no arder.
Pero con ella…
Con ella todo se volvía peligroso.
—Te extrañé —susurró rozando sus labios con los míos.
Esas dos palabras me dejaron helado, también la extrañé, pero no lo diría, no debía, ya había pasado mis límites, no debía permitir más.
Quería dejarla, quería irme, pero no sabía cómo hacerlo, pero se que lo haré, no sé cuando pero lo haré. No quiero lastimarla, aunque quizás ya lo hago.
Mi mano subió hasta su cuello y la traje más hacia mí para unir mis labios con los suyos en un beso necesitado, sus carnosos y suaves labios se movían contra los míos, a mi ritmo. Sus manos subieron hasta mi cuello, nos entregamos al beso, el fuego se encendió entre nosotros, su lengua peligrosa invadió mi boca haciéndome perder el control, volviéndome loco.
—Joder... —murmuré cuando la sentir moverse contra mi polla dura.
—Max... te necesito —susurró contra mis labios— te necesito...
También la necesitaba, pero había algo en su tono de voz que me hizo sentir que no solo me necesitaba de la forma en que yo pensaba en este momento, pero cuando volvió a besarme deje de pensar y me dejé llevar por el fuego en su boca. Sus manos bajaron a mi pecho y desabotono mi camisa.
La bese con urgencia, mis manos descenso hasta sus piernas, las acaricié como si quiera grabar esa suavidad en mis manos. Su cuerpo ardía por mi, temblaba de deseo por mi.
Esta vez deje que ella tuviera el mando de este encuentro. Me quito la camiseta, abandono mis labios para bajar hasta mi cuello, su boca, pequeña pero peligrosa, joder me estaba conteniendo, porque me gustaba cuando ella dejaba salir todo ese deseo por mi, sus manos acarician mi pecho, y su boquita baja dejando besos por cuerpo, la tomo de las caderas antes de que se baje y haga algo que me haga caer por completo. Aunque creo que caí y profundo en ella.
La lleve hasta la cama, me termine de desnudar para ella y ella lo hizo para mí, su cuerpo era perfecto, no necesitaba ver su rostro completo para saber que era hermosa, bastaba con ver sus ojos, esos bellísimos ojos que veo cada noche al cerrar los ojos.
La tome con suavidad, quería que recordará esta noche, y las siguientes, porque serian mi despedida. No puedo seguir buscándola, la decisión estaba tomada.
Extrañaría su cuerpo, sus gemidos, el sonido de su voz, sus ojos, la extrañaría a ella.
"Pequeña, no se amar, no se amar sin destruir..."
Cuando terminamos acaricié su rostro y la atraje a mi pecho, nuestras respiraciones seguían agitadas.
—¿Alguna vez has deseado algo? —pregunté.
Se removió en mis brazos pero no dijo nada, hasta unos segundos después.
—Nada que el dinero pueda comprar —respondió en voz baja.
—¿Y qué deseas?.
—Creo que solo tranquilidad —mintió, se que miente.
Muchas veces la he visto con los ojos rojos e incluso ha llorado, recuerdo ese día perfectamente.
—Ya no quiero que llores —dije de repente, ella levanto su rostro, me miró con esos bellos ojos ocultándose bajo aquel antifaz que odio y no me atrevo a quitar— lo que sea que pase en tu vida... nadie merece tus lágrimas, nada vale la pena. Solo... preocúpate por ti.
—No lloró por nadie —dijo segura.
—¿Llorarías por mi? —cuestiono.
—¿A que viene eso?.
—A que no deberías hacerlo.
—No lo he hecho —replicó.
—Bien, porque no valgo la pena. No merezco tus lágrimas, no deberías de llorar nunca. Los sentimientos nos hacen débiles. Y tu no debes serlo.
La vi tragar con dificultad, me miró a los ojos buscando algo, pero no encontró nada.
Pero lo vi, lo intuye. Sonrío apenas y se levantó de la cama, fui rápido, la tomé por la cintura y la hice caer a mi lado de nuevo.
Senti una presión en el pecho.
Eres un maldito Maximilian —dijo una voz en mi cabeza.
—No te vayas aun —susurré contra su mejilla.
—He terminado mi trabajo aquí —dijo fría.
—Termina cuando yo lo digo, no te pido que hagas nada, solo quédate un momento más.
—¿A que juegas, Max?.
—A nada, pequeña. Solo te estoy pidiendo te que quedes, por favor —supliqué. Algo que no hago muy a menudo.
Ella suspiró, se abrazo a mi de nuevo.
—Me asusta...
—¿Qué cosa? —pregunté.
—Lo que me haces sentir —respondió.
Solo la abracé incapaz hablar. Yo no se hablar de sentimientos.
"También me asusta, me asusta"
Quisiera decirlo, decir todo lo que siento, pero no soy bueno, me asusta en verdad todo, pero más me asusta sentir todo esto, porque yo no siento, porque creí que había dejado de sentir que tenía un corazón aquella tarde hace más de veinte años. Pero no, mi corazón está latiendo y no aun ritmo normal. Lo hace tan de prisa que temo que ella pueda escucharlo.
Ella me hace sentir que tengo algo en el pecho de nuevo, no solo un peso frío.
"Pequeña, perdóname... perdóname porque aunque lo sienta no pueda amarte".
Los sentimientos destruyen y antes de que me destruyan, los destruiré primero...
Nath
Dos semanas había pasado desde que Max había regresado, todo iba genial, yo... no podía controlarme, lo abrazaba cada vez que lo veía, pero desde entonces no he podido quitarme esta extraña sensación en el pecho.
Mis días han mejorado un poco. Pensar en él hacía que mi corazón se agitara... pero esta vez no eran mariposas lo que sentía en el estómago. Era una ola que subía por mi garganta y me revolvía el estómago.
Oh no.
No son esas mariposas.
Al menos no esta vez.
Trato de contener las arcadas y camino rápidamente hasta el baño más cercano en la facultad, cuando lo hago me encierro y me arrodillo para dejar ir lo poco que había desayunado dentro del baño.
Mis ojos arden, mi estómago está vacío de nuevo. Creo que pesque algún virus.
Cuando termino de vaciar todo salgo del baño, me miró en el espejo. Estoy pálida, definitivamente he pescado un virus o algo más. Me enjuago la boca y dejo mis pensamientos tranquilos.
—Nath... —escuchó la voz de alguien tras de mí.
—¿Qué quieres? —preguntó de mal humor.
—¿Estás bien? Te he visto correr al baño y...
—No es algo que te importe, Lili. Déjame en paz —dije irritada.
Ella sonrió.
—Tranquila, no he querido entrar al baño para no molestarte, pero es que no te ves nada bien.
—¿Y? ¿Quieres saber que tengo para molestarme ahora con eso? —cuestioné.
—No te molesto...
—¡Sí lo haces! Lo haces siempre con tus comentarios, si me reúno contigo y Kyra, es porque ella es mi amiga, pero tu siempre buscas hacerme sentir mal con tus malditos comentarios, no todas somos perfectos. Y me alegro de que tu lo seas —solté parte de las palabras que me ahogaban.
El día anterior nos habíamos reunido para hablar, se suponía que con Kyra, pero ella también estaba.
—Siento lo que dije. No creí que te pusieras así por eso.
—No son las palabras, Lili, son como lo dices, sin saber las razones que me llevaron a eso. Alégrate de que tu nunca hayas estado tan jodida como hacer algo como eso —mis ojos ardían y me sentía mareada— alégrate de que tu vida sea mejor que la mía.
—Eres tu quien toma las decisiones en tu vida...
—Lo sé y yo decidí venderme, pero no sabes lo que me llevó a eso y lo que...
—¿Venderte?.
Cerré mis ojos con fuerza, esa voz. Maldición, olvidé donde me encontraba.
—Nath...
Me giré para ver a mi ex mirándome con asombro y tristeza.
—¿De que estabas hablando? —preguntó acercándose a mi.
—Tú —señale a Lili— no me jodas más —le dije— y tú —señale a Leo— no te interesa.
Me alejé de ambos a pasos rápidos.
—Nath, espera... —gritó Leo— ¿Por qué discutían?.
—No te interesa...
—Puede que pienses que no, pero me importas.
—Pues no debería, ya no somos nada, ni siquiera amigos —detuve mis pasos y me apoyé en la pared cuando un mareo fuerte me invadió.
—Joder, es que no se porqué... Nath ¿Estás bien? —preguntó preocupado.
—Aléjate, yo...
—¡Nath! Mierda, tranquila... —sentí sus brazos rodearme pero no tuve fuerzas para alejarlo. Mi vista se nubló y ya no sentí nada.
...
La luz blanca me cegó por un momento. Olía a alcohol, a desinfectante. Una voz familiar me llamó por mi nombre y sentí un nudo en la garganta.
—Despertaste —dijo alguien a mi lado. Era Leo— antes de que preguntes, te desmayaste y te traje a una clínica.
—Gracias, pero no debías haberlo hecho.
—Me has evitado meses, pensé que por fin hablarías conmigo —dijo suspirando.
—Te dije que todo estaba terminado, no tienes porque buscarme.
—También debiste de decirme que nunca me quisiste, así hubiera sido más fácil o que había alguien más —reprocha.
—No se de que hablas... —murmuré— es hora de que me vaya.
—Llamare a la doctora, para que hable contigo. No te quites eso por ahora —salió de la habitación, en su rostro había decepción. Se que le rompí el corazón, pero ya había pasado meses, creí que ya estaría con una de las chicas guapas que andan a su lado.
La doctora entro minutos después, dijo que me había hecho exámenes y algunas cosas más, como que debía comer mejor ahora.
Ahora...
Esto era sorprendente, estaba jodida. Si, lo estaba. Aun no podía sacar sus palabras de mi mente. Y por más que intentara asimilarlo no podría.
—¿Quieres que te llevé a casa? —pregunta Leo, cuando me ve salir de la clínica.
—No, gracias —me alejé de él y me detuve unos pasos más adelante— ¿Lo sabes?.
Se encogió de hombros.
—Podrías no decirle a nadie, por favor— le pedí.
—No te preocupes, no lo diré —me aseguró.
—Te pagaré lo que...
—No es necesario —caminó hasta quedar frente a mi— ¿Te sientes bien?.
—Sí, muy bien —mentí.
—Sí fue por alguien más ¿no?.
—Leo, no...
—Dilo —pidió— no puede doler más.
—Sí —respondí.
—¿Estás con él aun?
—No debería importarte.
—Pero lo hace Nath. Joder, crei que había hecho algo mal, que necesitabas espacio, pero me equivoque —levantó su mano y acarició mi mejilla.
Lo que senti por él, ya no lo senti.
—Perdón Leo.
—Te quiero Nath, cuídate. Si algún día me necesitas, estaré para ti —dejó un beso en mi frente y se marchó.
Me dolía ver sus ojos, pero no podía hacer nada. Quizás todo fuera diferente si hubiera seguido con él, pero mi hermana no estaría bien ahora.
Y ahora mi corazón pertenece a alguien más. Hubiera deseado conocer a Max en otro lugar, quizás lo nuestro fuera diferente, quizás si hubiera logrado colarme en su corazón, se que siente algo por mi, pero no lo admitira. Eso duele...
...
Llegué a casa sin fuerzas, no se que haré ahora. Debo ir al club y bailar, pero eso podría lastimarme. Además de que tengo que guardar esto, al menos hasta que se pueda.
Debo comprar algunos suplementos, así que busco en mi armario, debajo de toda mi ropa parte del dinero que tengo ahorrado, pero no está, sacó toda mi ropa la tiro al piso.
—Lo dejé aquí, estoy segura —murmuraba mientras seguía vaciando todo.
Mis manos temblaban mientras seguía buscando entre la ropa. No era solo dinero, era lo que me mantenía creyendo que algún día saldría de aquí. Y ahora ni eso tenía.
Mi madre me lo había quitado, como si quisiera recordarme que nunca tendría derecho a nada propio. Mi madre me odiaba.
Se acabó, no voy a permitir más esto.
Esto se acabó... todo. Dicen que cuando algo muere dentro de ti, nada vuelve a ser igual, pero yo siempre me he sentido muerta por dentro...