Capitulo 1 - Sara y Eugene

3059 Words
Sara - actualidad (febrero del 2022) —Me da tanto gusto verte, Eugene—le dije, con una sonrisa sincera sobre mi rostro.  Lo veía, y los recuerdos pasaban, uno tras otro, en una hilera de reminiscencias, que me hacían transportarme al pasado. Eugene era como un sabor incierto del ayer. Un sabor, el cual, hasta la fecha, no sabia con certeza su color. No sabia con certeza qué había ocurrido con Eugene. Con nosotros. Y verlo ahí, en medio de aquel café, tras el mostrador, con las mismas características que lo definían desde siempre, me hacía recordar tantas cosas.. —Es mi hora libre—repuso Eugene, quitándose el delantal, mientras salía del mostrador, invitándome a incorporándonos sobre una mesa del café y hablar. Hablar como los viejos tiempos—Cuéntame, ¿qué ha sido de ti? Y ahí estábamos, dos personas del pasado, hablando en el presente. Hablando sobre todo y nada a la vez. Se sentía como si el tiempo no hubiera pasado jamas. Como si fuéramos los mismos del ayer. Sentados. En aquel café. Lanzadores miradas a las personas de afuera, que pasaban por la acera. Siendo parte de los sentimientos y las palabras que nos unían en aquellos instantes.  Es como los viejos tiempos.  —Sigo ahorrando para abrir mi restaurante—decía Eugene, clavando su mirada penetrante en mi—Hace poco fui a ver unos locales, y ya tengo la idea de dónde me gustaría abrir. Solo me falta seguir trabajando.. seguir ahorrando, y sé que algún día lo conseguiré.  —Yo se que lo lograras—replique—Y en unos años más estaremos sentados sobre las mesas de tu restaurante.. Verdaderamente lo creía. Siempre había admirado la forma en la que Eugene salía adelante. La forma en la que veía las cosas. Su positivismo. Y su sonrisa reflejada, hasta en la oscuridad de la profundidad de sus ojos.  Eugene sabía encontrarle el rayo de luz, a la tormenta. Era trabajador. Decidido. Y sin importar que, no se rendía jamas. Ese era mi viejo amigo de la universidad. El viejo amigo, con el cual, tras graduarnos de la universidad, habíamos perdido contacto, aun cuando nos habíamos prometido siempre estar ahí. Siempre estar el uno para el otro.  Recordé mi conflicto interno, de prometer y jurar aquellas promesas, aquellas palabras, que al final del día, era dispersadas por el olvido. Recordé y no pude evitar sentirme mal conmigo misma. Por no cumplir mis promesas. Por no haber estado siempre para Eugene. Por haber caído, en aquello que aborrecía con toda mi alma. En aquello que me había hecho sufrir. Que me había destruido el corazón. Las promesas, las palabras, que habían sido llevadas por el viento.. Siempre estaré para ti, Eugene, siempre.. —¿Qué paso con nosotros?—le pregunté a Eugene, de un momento a otro—¿qué paso con nuestra amistad? —No lo sé, Sara—respondió Eugene, dejando que la luz del día, se reflejara en su penetrante mirada—lo mismo me pregunte por meses..—un silencio se extendió. Un silencio que me hizo ver la situación, los recuerdos, las cosas más de cerca..—No lo recuerdo muy bien.., solo sé que poco a poco nos fuimos alejando. Te fuiste alejando.., hasta que un día éramos dos completos extraños. Dos extraños que se conocían.. y para ese entonces, yo ya me había graduado de la universidad. Todo ocurrió demasiado rápido.  —Lo siento, Eugene—repuse, sintiendo una ola de melancolía abrazarme, mientras trataba de encontrar explicaciones dentro de mi cabeza—perdóname, por no haber estado siempre para ti. Es una mierda. A veces sentía que los recuerdos se encontraban añejos dentro de mi cabeza. Recuerdos, que poco a poco, se iban olvidando. Se iban perdiendo. Dentro del baúl de remembranzas. Y en ese instante, no podía recordar con exactitud, qué era lo que en si había pasado conmigo y Eugene. No recordaba cómo nuestra amistad se nos había escapado de las manos tan fácilmente. Así como así. Sin embargo, de alguna manera, podía sentir que todo había sido mi culpa.  Siempre había sabido que existía algo. Algo más que amistad con Eugene. Mas al parecer, los dos preferimos no prestarle caso omiso a ello.  Ese algo, existente con Eugene, me asustaba mucho. En ocasiones, el sentir, me asustaba mucho. El sentir algo por Eugene. Por mi mejor amigo. Así que, prefiera enterrar ese algo.. Enterrarlo muy muy profundo.  A demás, ese algo, que sentía por Eugene, no se le acercaba ni lo más remoto a la conexión que alguna vez había sentido por Zedd. Mi conexión con Zedd era única. Y nunca volvería a sentir algo así con nadie..  Mas, fuera como fuera, ese algo con Eugene había existido en su momento. Y tenia la mínima sospecha de que nuestro alejamiento, había sido en parte por ese algo, y mi manera tonta de no saber cómo llevar las cosas. Sentía que era difícil tener una amistad, con un mínimo grado de atracción. A parte, el recuerdo de Zedd estaba ahí. presente. En mi memoria. En mi mente. Día con día. Era por eso, que dentro de mí, sabia que mi alejamiento con Eugene había sido a causa de la suma de cada uno de esos factores. Era triste. Pero cierto. Y la culpa recaía en mí. Eugene no merecía eso..  —No, Sara—dijo Eugene, con aquella mirada compasiva sobre él—No lo lamentes. Yo lo entendí. Sabía que estabas pasando por muchas cosas.., hubiera sido demasiado egoísta de mi parte, si me hubiera molestado porque te alejaste de mí, o por que las cosas cambiaron entre nosotros—la mirada de Eugene lo decía todo. Aquella mirada, que ya había visto antes en él. Aquella mirada que sonreía.—A demás, siempre estuviste ahí. Sin darte cuenta, siempre estabas ahí—lo miré confundida, tratando de comprender sus palabras—Yo también siempre estuve ahí para ti. Sin darte cuenta, yo estaba ahí. Ese momento se transformó tan cálido. Un momento real. genuino. En donde simplemente las emociones y las palabras salían y salían. Eugene es una gran persona.  Sentía tanto por él. Era inevitable no hacerlo. Y no quería volver a perderlo. No quería volver a alejarme de él. De su amistad. Era alguien que valía la pena. ¿cómo pude dejar que te escaparas de mi vida tan fácilmente? Podía notar en sus ojos, conmiseraciones, que me expresaban su cariño e incondicionalidad hacia mí. Eugene era el tipo de persona que todos necesitaban tener en su vida. No volveré a soltarte nunca más.. Eugene - actualidad (febrero del 2022) Sara y yo, sentados en aquella mesa de la cafetería, hablando de la vida, mientras mirábamos a nuestros alrededores. Me hizo transportarme a la época en la que éramos dos amigos inseparables. Te extrañe tanto.  —¿Qué paso con nosotros? ¿Qué paso con nuestra amistad?—me preguntó Sara, haciendo que todo se mi se me removiera por dentro.  Recordé la escena en el Times Square, a punto de besarnos en medio del caótico festín. Recordé la reacción de Sara, cuando vio a aquel chico llamado Zedd. Recordé como todo cambio a partir de ahí. Y no porque Sara fuera distinta conmigo. Si no porque, de alguna manera, yo sentía algo muy fuerte por ella. Algo que no era mutuo. Y al mismo tiempo, sospechaba que algo estaba ocurriendo nuevamente con el fantasma de su pasado. Con Zedd.  Recuerdo que ella empezó a desaparecer. Poco a poco, dejo de ir tan seguido a mi departamento, para nuestros días de cocina y risas. Cada vez salíamos menos. Cada vez nos veíamos menos. Sara comenzó a inventar excusas tontas. Y yo lo discernía.  Hasta que un día, la vi. La vi en el Empire State Building. Con Zedd. ¿Cómo rayos pude topármelos aquel día? En medio de la gran ciudad. En medio de tanta gente. De tantos rascacielos. Qué horrible coincidencia.  Al no ser neoyorquino, me gustaba visitar los distintos emblemáticos  rascacielos de la ciudad. El Top Of The Rock. El One World Observatory. Y el Empire State Building.  Ese día de marzo, del 2018. Me hallaba sobre el conocido Empire State, apreciando la hermosa vista de la ciudad. Disfrutando del paisaje que divisaban mis ojos, de la pintoresca ciudad de Nueva York, bajo un precioso atardecer, mientras tomaba muchas fotografías con mi pequeña cámara, para mandárselas a mis padres. De un momento a otro, mis ojos se encontraron con una escena que hubiera deseado no haber visto jamas. Era Sara, entre los brazos de un chico. La silueta de Sara, contorneando el cielo de colores tras la malla del mirador. La silueta de Sara con su característica risa, y su cabello castaño, volando por el cálido viento. La silueta de Sara, alrededor de los brazos de una silueta que mis ojos ya habían visualizado antes.  Sigilosamente, me acerque unos pasos, a donde estas conocidas siluetas se encontraban. Entre cerré mis ojos, tratando de ver mejor. Y sí. Ahí estaban. Eran Sara y aquel chico de Time Square. Zedd. Eran Sara y Zedd. Juntos. ¿En qué momento? Me detuve a observar más de cerca la mirada de Sara. La mirada que ponia al mirar a Zedd. Y una pesadez se implanto dentro de mí. Su mirada era distinta. Sara tenia una clase de mirada que nunca le había visto antes. Una clase de mirada que nunca ponía al verme.  Así que esa es su mirada.., su mirada de cuando esta enamorada.. Hubo tantos momentos en donde yo deseaba que colocara aquella mirada en su rostro, cuando estaba conmigo. Como me hubiera gustado aquello.. Divise como de algún modo, sus ojos se conectaban con los de él. Era un juego de miradas entre ambos, en donde estos eran capaces de comunicar lo que las palabras no podían comunicar. Tenían su propio dialecto, por medio de miradas.  Decidí apartar mi vista de aquella escena. Solo me estaba haciendo daño a mi mismo. No sabía cómo sentirme. Mas, no estaba molesto. No tenia derecho a molestarme. Sara no era mía. Sin embargo, en ese instante, me di cuenta del por qué de su repentino alejamiento.. Me di cuenta del por qué de su repentino alejamiento hacia mí.  Sara se hallaba saliendo con alguien más. Se hallaba saliendo con Zedd.  En aquel día de marzo, sobre la altitud del Empire State, los cielos de colores y las sensaciones agridulces, implantándose en mi interior, solamente me dispuse a marcharme. A irme. Dejando atrás aquel ocaso que se pintaba sobre el manto del cielo. Dejando atrás al mirador y a las personas. Dejando atrás mis sentimientos, a Zedd, a Sara y al Empire State Building.  Jamas le dije de aquel día a Sara. Jamas le dije que la vi ahí, flotando en medio del cielo y los rascacielos, con Zedd. Jamas hablamos de eso. Simplemente, deje que se alejara de mí, de nuestra amistad, y yo no hice nada para impedirlo. Aquello dolió de profunda manera. Sentía que amaba a Sara. Realmente lo hacía. Sin embargo, quería que fuera feliz. Y si Zedd la hacia feliz. Entonces, yo lo estaría también.  Nuestra cercanía se fue desvaneciendo. Era algo que solo nosotros dos éramos capaces de notar. Mas, de alguna manera, a veces sentía que Sara no notaba como poco a poco nuestra amistad se iba a perdiendo. El tiempo pasaba y Sara no notaba que nuestra amistad ya no era la misma.  Hablábamos. Salíamos. Solos. En grupo. Sin embargo, ya nada era igual. Y tal vez, a simple vista no sé notaba. Mas, dentro de mi, sabía que todo había cambiado.  Pasaron uno cuántos meses, y yo me gradué primero de la universidad. Sara y nuestro grupo de amigos, fueron a mi graduación. La pasamos bien en aquel día. Celebramos en grande por la noche. En mi departamento. Bebiendo unas cuantas cervezas y cenando una deliciosa cena preparada por mí. Reímos. Hablamos. Jugamos. Todos juntos. Luego, nos despedimos, y aquella noche, fue de las ultimas veces en las que vi a Sara.  Sara bromeaba conmigo. Era como era ella. Hablaba de los mismos temas conmigo. Reía con aquella risa de siempre. Mostrando como si todo estuviera bien entre los dos. Porque, realmente lo estaba.  No es lo mismo, todo ha cambiado, no podía evitar pensar aquello.  Los días pasaron. Y cada quien tomo su propio camino. Supongo que eso era lo que eventualmente ocurriría. Aquello era el rumbo natural de las cosas.. Nunca me moleste con Sara, por cómo, poco a poco, nuestra amistad fue desapareciendo por los aires.. Nunca le reclame. Ni le dije nada. Sí, había tristeza. Y la extrañaba demasiado. Extrañaba cada recuerdo. Cada momento a su lado. Extrañaba a mi mejor amiga conmigo. Sin embargo, no estaba molesto. Ni mucho menos enojado. No tenia por qué estarlo.  Una parte de mí, siempre la querría. Una parte de mí, siempre estaría tremendamente agradecido con ella. Por cada momento juntos. Por cada charla y risa sobre los césped de Central Park. Por cada platillo y postre que preparamos juntos. Por cada noche de películas. Cada abrazo. Cada café tomado. Y cada palabra pronunciada. Siempre voy a estar para ti. Genuinamente, siempre me lleve aquellas palabras conmigo, asesorándolas con todo mi corazón. Genuinamente, siempre creí que, pasara lo que pasara, podía contar con Sara. Porque, supongo que así funciona esto.  La gente se va. La gente se aleja. La gente sigue distintos caminos. Mas, las palabras que alguna vez se dijeron de corazón, con los sentimientos a flor de piel y el alma rebosando de cariño hacia la otra persona, siempre perduraran, en alguna parte, entre el pasado y el presente. En alguna parte. En algún rincón. De este mundo. Perdurando. Siendo.  Aquellas palabras siempre serian importantes. Tomadas en cuenta. No se esfumarían así como así. Yo realmente creía que cada palabra expresada había valido la pena expresarla. Sabia que todo lo que alguna vez nos habíamos dicho, Sara y yo, era más que verdad. Había sido de corazón. Y eso, trascendía más, que el tiempo o la distancia. Es por eso que le dije a Sara:  —Siempre estuviste ahí. Sin darte cuenta, siempre estabas ahí.—Pues sabia que aquellas palabras, que alguna vez fueron pronunciadas por su boca, fueron expresadas de todo corazón. Y eso perduraría para siempre. Sus palabras perdurarían para siempre..—Yo también siempre estuve ahí para ti. Sin darte cuenta, yo estaba ahí—volví a decirle, con toda la sinceridad posible.  Era verdad. Yo siempre estuve ahí. Viéndola brillar. Como siempre solía hacerlo. Incluso, en ese momento, mi incondicionalidad hacia Sara todavía permanecía. Y siempre lo haría. Siempre estaría ahí para ella. Esa era la promesa. Y yo jamas la rompería.  Sara - actualidad (febrero del 2022) —Así que.., ¿por eso fuiste a cada The house of desserts and coffee de la ciudad..?—replico Eugene, mientras seguimos sentados sobre aquella mesa, en donde yo le platicaba sobre la tarea que tenía, de visitar cada local de la franquicia, para encontrar su esencia, y basarme en ello, para los próximos diseños de la empresa.  —Así es—contesté, dejando que aquel cálido ambiente nos cubriera—Pero, sigo sin encontrar la esencia del lugar… —No te preocupes, Sara—replico Eugene—Yo te ayudaré. Soy la mejor persona para ayudarte en esta tarea. Llevo mucho tiempo trabajando aquí..  —Gracias Eugene, pero creo que es una tarea que tengo que realizar yo sola..—dije, decididamente—Es mejor que encuentre por mi cuenta, la profundidad que se esconde en estas cuatro paredes.. al final de cuentas, yo soy la diseñadora que tendrá que ilustrar la esencia del lugar, en base a mi percepción.. —Wow, si que eres toda una diseñadora..—dijo Eugene—y entiendo tu punto.., pero déjame guiarte, solo un poco, a tu objetivo.., ¿de acuerdo? —Pero.. —Mira,—interrumpió—con decirte que, ni siquiera encontraras lo que buscas sentada dentro de estas cuatro paredes.. —¿A que te refieres..?—replique, mientras Eugene me lanzó una mirada que lograba entender con facilidad—De acuerdo.., dejare que me guíes.. —La mejor decisión que pudiste haber tomado—dijo, en un tono exagerado, mientras reíamos al unísono—El primer paso es ir a nuestro antiguo lugar.. —¿A Central Park? —Sí. —Pero.., ¿qué tiene que ver Central Park con la esencia de este café? No lo entiendo—repuse confundida. —Shh, tu solo confía en mi—contestó Eugene, guiñando un ojo, mientras se ponía de pie—Bueno, mi descanso termino. ¿Nos vemos hoy en la tarde en Central Park? Asentí. A consiguiente, me despedí de Eugene, saliendo por las puertas del café, llevándome conmigo la ola de pensamientos que me invadía en aquel instante. ¿Aquella ida a Central Park será solo una excusa para verme?, me pregunte, mientras me disponía a caminar por las aceras de la ciudad, dejando que el sol saludara, calentándome sutilmente con sus pequeños rayos de luz.  Sentía que no había cumplido mi objetivo en el día. No había podido encontrar la esencia del café. ¿cómo se suponía que lograría trasmitir el alma de The house of desserts and coffee, a través de mis diseños? Solo me tocaba confiar en Eugene. Ir con el a Central Park. Dejando que me guiara a mi objetivo. Y aunque no encontraba la relación de ir a Central Park, con mi objetivo de encontrar la esencia de la franquicia, sabia que él era una persona que no me defraudaría. Voy a confiar en ti, Eugene.  Mientras caminaba por las calles, bajo los rayos del cálido sol, un recuerdo me invadió nuevamente. Un recuerdo de mi pasado. Un recuerdo de Eugene. Un recuerdo de Zedd. Eugene y Zedd, dentro de un mismo recuerdo.  Aquella memoria me hizo transportarme a aquellos añejos días. Aquellos añejos días, que de alguna manera, había enterrado en lo más profundo.  Ese recuerdo de Eugene, me hizo acercarme a la realidad de lo que había ocurrido en nuestra amistad.  De un momento a otro, me sorprendí viajando al pasado. Al ayer. A mis memorias. A mis recuerdos..
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