Salí de casa tras haber agradecido de nuevo a Julia, ella no me dejó fregar el plato y me preguntó si quería tener comida hecha al regresar. Pensé que quizá esa amabilidad hacia mí podría generarle algún problema con Tania, así que educadamente me negué, diciéndole únicamente que si en vez de trabajar en casa de la madre de Jorge trabara algún día en la casa que yo aún no tenía, su sueldo fuera mejor, con bonos vacacionales por su excelente comportamiento. Salí de la quinta, caminado tranquilamente por la acera y mirando uno que otro auto transitando por las calles a esa hora de la tarde. Sentí que mi cuerpo necesitaba ejercicio, tenía mi rutina abandonada, interrumpida y eso ya me estaba pasando factura pue mi cuerpo necesitaba sentir esfuerzo y adrenalina.

