Coloqué mis tres maletas en un rinconcito en la habitación de Diana mientras ella activaba el aire acondicionado, las ubiqué en perfecta simetría una de la otra, un pasatiempos mientras recordaba cómo le hice sacar conclusiones al inspector acerca de la probabilidad falsa que incriminaba o convertía en sospechosa a Ademisa. —¿Te estás refiriendo a la hija de Dorian Santelmo? —preguntó esa vez un tanto incrédulo. —Entonces sabes que es la hija del jefe de policía en Chacao —dije, percatándome de que habían muchas cosas que él tenía bajo la pista. —Hay muchas cosas que yo sé, señorita Rodrig —dijo un tanto presumido—. No mucho talvez pero tarde o temprano lo suficiente como para completar el rompecabezas. Enarqué una ceja levemente, mirándolo y asentí. —Pues… no

