Derramé una lágrima en ese maldito sepulcro y no precisamente porque extrañara a Jorge o me lastimara su muerte, sino que la llovizna que estaba cayendo sobre nosotros en ese momento me iba a estropear el peinado y eso me enojaba muchísimo. El maquillaje no me preocupaba tanto puesto que era a prueba de agua, así que lo que más iba a sentir aparte de mi cabello mojado iba a ser el remojo en mi ropa. Miré a Tania formar un escándalo cuando el sepulturero echaba sobre el ataúd la tierra y el cemento. Diana por su parte permanecía seria a un lado mío y más allá Bonsignore, observador e imperturbable como todo el tiempo. Todos los demás, amigos de Jorge en su mayoría cargaban sus respectivos paraguas y yo volví a maldecir al no haber previsto ese clima p

