Estaba a media noche sentado en el tejado del castillo más alto, la luna bañaba mi rostro dándome una figura casi fantasmal. Yo vestía de túnica larga y color plateado, lo cual con el resplandor de la luz de la luna daba un aspecto de Ángel o demonio. La mujer huésped que traje se levantó a media noche y caminó retraída hacia el enorme balcón que daba la vista hacia las montañas alejadas y lejanas. Ella aún no se daba cuenta que estaba en un lugar que no conocía, más importante aún ella no se percataba de estar muy lejos de casa. Sin saber dónde estaba, restregando sus ojos con ambas manos se acercó más y más al borde del balcón. Corría peligro de caer, yo la observaba desde una distancia determinada, mientras mi mente empezó una guerra sin cuartel. La razón le decía a la lógica que

