Veía dormir a Lucio en medio de ambos, después de dar lidia por muchas horas en que no habíamos logrado que durmiera de ninguna manera posible y a su lado, dormía profundamente el pelinegro y no me atreví a levantarlo porque sabía cuán agotado estaba, que llevaba más de un día entero sin dormir y debía estar igual de cansado como yo lo estaba. Lucio, mi hijo, nació exactamente cinco días después de esa ocasión y pensé que lo más difícil sería el parto, lo cual me tenía aterrada por completo, pero no, eso no fue lo más difícil, lo serían los días siguientes. Apenas vi a ese pequeño, sabía que me había enamorado por completo, pero él, al llevar la sangre de cierto lunático en las venas, por supuesto no iba a hacer las cosas fáciles. Presentía que iba a ser idéntico a él y por supuesto, no
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