11.

3311 Words
Complicaciones Observaba el tremendo camión enorme que me habían asignado y Kevin me miraba desconcertado, porque jamás ninguno de los dos había maniobrado un camión de ese tamaño y más, porque tocaba llevar la mercancía hasta fuera de la ciudad, a un pueblo cercano que tampoco es que fuese el más cerca, tocaba ir hasta Galapa y contando con que en esa carretera hacen bastantes controles de seguridad la policía, así que claro, era muy arriesgado y por primera vez desde que empecé semanas atrás a hacer las entregas, sentí nervios, pero me forcé a que estos se me pasaran. -Bueno, ni modo, tocó hacer la vuelta.-Dijo Kevin encogiéndose de hombros y nos subimos sin pensarlo mucho. En el camino, traté de no distraerme mucho y estar enfocada, quería conducir de forma perfecta, no esquivando alguna señal de pare y respetando cada semáforo, porque no podía ser detenida por la policía bajo ninguna circunstancia, porque con la gran cantidad de cargamento ilegal atrás, que no solo son botellas de licor como siempre, sino que incluso iba ropa de imitación, nos podrían dar fácilmente una década, por lo bajo si nos descubría la policía, así que no quería ningún error. -Te noto estresada.-Dijo Kevin y asentí. -¿Tú no lo estás? -Sí, pero me lo aguanto. -Creo que el viejo Hernán se sobrepasó con la carga de hoy, es demasiado, a camiones tan grandes siempre se les hace un control al salir de la ciudad, temo que nos detengan en el peaje de Palermo al bajar del Pumarejo. -Mierda, es cierto y por ahí no hay atajos que yo sepa. -No, no puede haber atajos, el río está detrás… creo que… tocará a la suerte, desear que no nos detengan. -Bueno, por si acaso sacaré mi rosario y ya te digo, a rezar.-Dijo y fruncí el ceño, arrebatándole el rosario. -Oye, deja las costumbres católicas, que sabes que detesto.-Le dije y al ver que no debió hacerlo, pareció avergonzado. Yo no tenía nada en contra de esa religión de niña, jamás fue así porque al crecer en un pueblo tan tradicional y católico, pero precisamente por estas costumbres violentas adquiridas de nada más que el modelo católico, fue que me sucedió precisamente eso, el evento que cambió toda mi vida y no lo olvidaría. -Sorry.-Dijo y abrió un poco la ventana.-Oye, ayer cuando te bañabas escuché que te llamaban al teléfono, el contacto decía: “el indeseable”, ¿ese es tu novio? -Alejandro.-Le dije y rompió en risas. -¿Por qué registraste de esa manera a tu novio? -No es mi novio, aunque él está empeñado con la idea de serlo. -Pero si le gustas y es tan decente como lo describió Ricky, ¿por qué no le das una oportunidad? -Es que… no. Primero, Ricky no lo conoció de nada, solo le gustó porque es bonito a la vista y tiene plata, pero no sabe nada de él. Segundo, Alejandro me ve como un pasatiempo, no le gusto en serio, soy su capricho y creo que le coquetea a varias chicas a la vez y por último, sabes que… me costaría salir con un hombre de nuevo, no sé si alguna vez en mi vida pueda hacerlo. -Irina, claro que deberías. Sé que no te será fácil luego de lo que pasó, es lógico, pero deberías intentarlo. No puedes quedarte tú sola siempre, mereces casarte, tener hijos, una familia. -Familia… tengo muy distorsionado ese concepto, ¿sabes? -Olvida a mis tíos, tus papás no sirven para nada y no te pueden joder la vida por siempre. -Lo sé, supongo tienes razón. -Y no te hablo específicamente de ese, no conozco al “indeseable”, pero podrías salir con alguien, con quién quisieras si te lo propusieras. Eres hermosa, aprovecha eso. -Mmm, bueno, tal vez debería, pero no será con el pelinegro. -¿Pelinegro? -Alejandro, me cae mal la mayoría del tiempo y presiento que me quiere usar. -Mmm, ya te diré yo el fin de semana si es buen tipo o no, sabes que tengo buen ojo. -Si eso dices. Cuando llegó el momento de la verdad en que tocaba pasar por el peaje, cruzamos los dedos rezándole a todos los dioses para que no nos detuvieran a hacer una de las inspecciones rutinarias y más, porque había un control con muchos policías y no había ningún auto detenido. Pasamos con los nervios de punta, aterrados, pero Dios si existe, escuchó nuestras plegarias y nos permitió pasar sin ser revisados. Suspiré, aliviada y Kevin rompió en risas. Esa semana en clases transcurrió sin ningún percance a excepción de que volví a tener a cierto pelinegro cerca todo el tiempo, quién ahora por algún motivo estaba más cariñoso que antes, se sentaba demasiado cerca, tanto que a veces me incomodaba, pero qué le podía hacer, él no entiende que no me gusta tenerlo cerca, pero eso era solo el comienzo, no tenía idea de cómo sería todo después con él. Cuando llegó por fin el esperado sábado (esperado únicamente por Alejandro quién se encontraba demasiado emocionado con conocer mi casa), fue el primero en llegar. Le dije que podía venir tipo tres de la tarde, porque nuestras fiestas por costumbre que mantuvimos del pueblo, siempre empiezan de día, es tradición, pero él llegó extremadamente puntual, su escolta lo llevó y cuando entró, lógicamente no fue directo a la casa, esta queda más atrás y él miraba todo bastante curioso. Miraba los grandes árboles, las palmeras, la enorme extensión del terreno, porque esta finca era enorme, tenía tres hectáreas e incluso más atrás, hay un estanque que no se ve apenas ingresa. -Este lugar es… raro.-Dijo y lo miré de reojo. -¿No te gusta? -La verdad… no. -¿Por qué?-Pregunté ofendida y él se encogió de hombros. -Es demasiado rural, pueden salir cucarachas y otras porquerías, me aterra. -Ya te había dicho que vivía en una zona rural, no sé para qué viniste entonces. -Me imaginé que sería como en las películas, casas de campo y cosas así. -Bueno, no es así, este es un lugar sencillo y si no te gusta, bien puedes irte. -Mmm.-Lo pensó unos segundos.-Si me das un besito me quedo. -Puedes irte entonces. -Oye Irina, ¿jamás me besarás? -No. -Está bien, le diré a Daniela que me besé. -Sí, claro. Suerte con eso.-Me bufé, alejándome y él se fue tras de mí. De nuevo pasó su brazo por mis hombros y lo alejé.-Me vuelves a tocar y te mueres. -Oye, bromeaba, solo quiero darte muchos besos a ti, bebé. -Eres bien desagradable, seguro a todas les dices lo mismo. Qué cliché y poco original eres. -Oye, mmm, como veo que me estás teniendo en mal concepto te seré sincero.-Dijo y se detuvo en frente de mí. -A ver. -A Daniela el papá le canceló las tarjetas porque chocó el auto, así que le di una tarjeta de crédito sin cupo si me dejaba utilizarla para darte celos.-Admitió de forma tan sincera que lo miré anonadada. -¿En serio? -Ya yo sabía que irías a su apartamento por lo de la tarea, así que le dije que lo que debía hacer, al igual que el otro día en la entrada de la universidad, pero eso sí, al menos su novio me autorizó a seguir con mis malévolos planes o me habría metido en serios problemas con Johnny. -Ah, ahora sí que lo confirmo, eres de lo peor. -Mmm, tal vez, pero es que me gustas mucho y no quieres salir conmigo. No funcionan ninguno de mis planes. -Es que todos tus planes son horribles. -Mmm, lo sé, eso lo tengo claro ahora, pero… si me dieras al menos un beso, me motivarías para pensar planes mejores, ¿no crees? -No, no creo y vamos a la parte de atrás donde están mis primos o se pondrán pesados por hacerlos esperar. -Te sigo, preciosa.-Dijo feliz y rodé los ojos. No me imaginaba cómo cambiaría todo en este día. Alejandro me siguió feliz hacia la parte de atrás que es donde realizamos las reuniones. Allí tenemos un enorme asador que vino en la casa, está el estanque, césped, tenemos muchas flores y aquí duermen los gatos, la cabra y de vez en cuando se mete uno que otro de los animales del corral. Algo muy curioso que noté antes de que siquiera pudiese presentárselo a Kevin es que el pelinegro le tenía miedo a todos los animales existentes. Cuando mi gato Oliver pasó a su lado, quiso darle un infarto y se escondió detrás de mí, cuando Oliver puede ser todo, mal educado, come cucarachas y te roba la comida, pero no es agresivo y es preciso, tiene ojos verdes y pelaje naranjado, parece un peluche, pero Alejandro pareció aterrado al verlo y lo disimuló cuánto pudo. -Oye, ¿es salvaje?-Me preguntó al oído y rompí en risas. -Claro que no. -No te creo. -Allá tú. -Ah, no, ese otro es peor, ¡es horrible!-Se quejó al ver a Elmur, mi gato n***o, quién sólo existe, no hace nada malo y es muy cariñoso, pero el pelinegro parecía querer huir a toda costa. -No es horrible, no le digas así que te puede oír. -Pero es que… no me gusta. Creo que tendré que irme. -Oye.-Le hablé y tomé su antebrazo al verlo aterrado, lo noté sonrojado y me arrepentí de haberlo tocado. Creo que era la primera vez que lo hacía y sí, se sentía muy extraño, no me gustó la forma en la que me hizo sentir.-Tranquilo, no te pasará nada. -Pero es que… lo siento, me intimidan los gatos. -Mmm, los espantaré si se acercan a ti. No te preocupes. -Gracias… Nos acercamos al fin hacia los chicos y le presenté oficialmente a Ricky, Kevin y a otro de los chicos que estaban en la reunión, uno de los vecinos. Mis primos lo miraban curiosos y creo que es más por el hecho de que trajo ropa al parecer, de diseñador. Se vistió lo mejor que pudo, trajo ropa al estilo del campo, con colores claros a diferencia de la ropa oscura que siempre traía e incluso se puso un sombrero, ¡un jodido sombrero! Aunque debo admitirlo, por algún motivo, todo lo que Alejandro se pone se le ve increíble, tanto que es desconcertante y lo peor es que sabe que luce bien y se jacta de ello, es bastante odioso a veces. De inmediato, Kevin se puso de pie y tomó un de las cervezas de la nevera, la destapó y se la dio a Alejandro, quién la tomó de inmediato y lo miré de reojo, curiosa, porque sabía que no tenía experiencia alguna en beber y será demasiado divertido verlo hacerlo. Tal vez así lo castigue por lo del otro día, quiero verte ebrio esta tarde. Se sentó al lado de mis primos porque estos le dijeron que lo hiciera, pero el pelinegro se rehusaba a dejarme incluso en mi propia casa, porque tomó mi muñeca y me hizo sentar junto a él, lo cual fue muy incómodo porque me tocó hacerlo en su misma silla, porque de frente estaban mis primos y no dejó que tomase otra silla. -Estoy incomoda, me puedo caer. -Yo te sujeto, bebé o si quieres te cargo.-Dijo sujetando mi cintura y exhalé. ¿Qué más daba? Él parecía feliz con algo tan simple y no me costaba nada quedarme a su lado al menos por un rato cuando siempre lo ignoraba o rechazaba. -Pero qué amor, y luego dices que no son novios.-Dijo Kevin entre risas mientras le daba un largo sorbo a su cerveza. -No lo somos. -Ella me niega, pero estoy acostumbrado. Es cruel. -A ver, pero tomate un trago de la cerveza, que si la dejas calentar será deshonroso.-Le dijo Ricky y miré de reojo al pelinegro, quién pareció dudoso, pero por no quedar mal, tomó un largo trago y todos lo miramos atónitos. Sí, se notaba que jamás en tu vida habías bebido, arrugó el rostro apenas la probó y se notó que se forzó demasiado en aparentar que sí le había gustado cuando se notaba que era todo lo contrario, pero era lógico, siempre la primera vez que se bebe no agrada, no sé por qué se afán de aparentar, todos lo podíamos entender. -Está buena.-Dijo y mis primos estallaron en risas. -Sí, sí tu lo dices.-Le dijo Kevin de forma incrédula, pero de nuevo, el pelinegro pareció no entender. Solo se jactó orgulloso como si fuese el mejor bebedor del planeta, cosa que está bien lejos de ser. La tarde pasó rápido y no lo puedo negar, la pasamos bastante bien. Por algún motivo que todos desconocemos, mis primos congeniaron bastante bien con Alejandro y al principio dudé de que esto pudiese pasar porque él es demasiado diferente a ellos y tiene costumbres totalmente distintas al haber crecido en un contexto tan opuesto a nuestras vidas, nuestras costumbres, pero creo que esas mismas diferencias fue lo que les agradó, porque el pelinegro a pesar de creerse la octava maravilla, el Brad Pitt colombiano, no se puede negar que es agradable y es divertido, tal vez por eso congeniaron tan bien. Un hecho que era lógico que iba a suceder, es que lo hicieron beber bastante, no lo forzaron, pero le ofrecieron cerveza tras otra y él, para no quedar mal, las aceptó y sabía que no era una buena idea porque solo con las dos primeras cervezas que se tomó, se le notaba que le habían hecho efecto, porque se trababa al hablar y no dejaba de reírse por cualquier cosa que dijeran, lo cual era curioso, pero temía que se pusiera pesado, es que no lo conocía estando ebrio, pero vaya que hoy lo iba a conocer. Más tarde, llegó bastante gente, los del pueblo que siempre vienen y no dejaban de hablar de cierto rumor, de que “personas desconocidas” incendiaron la moto del ecuatoriano y nosotros nos mirábamos entre sí, fingiendo no tener nada que ver porque nosotros siempre negaríamos todo al final, jamás nos delataríamos y fingíamos sorpresa al escuchar. Había muchas teorías porque él al ser un tipo tan peleonero pudo ser básicamente cualquiera, hasta se pensó en su ex novia, una chica con la que mantiene una relación inestable bastante tóxica en que se agreden o se insultan públicamente, pero por supuesto, ni para defenderla a ella o alguien de los sospechosos dijimos nada, porque estúpidos o misericordiosos no seríamos. Si alguien más caía por nuestro crimen, pues en mala hora porque no confesaríamos ni aunque se nos fuera la vida en ello. Una costumbre que tienen mis primos es que cuando se empieza a hacer tarde los sábados y han tomado un poco, siempre dejan las cervezas atrás y sacan una de las botellas de aguardiente de la despensa, porque siempre hay varias que ellos consiguen o que nos obsequia el viejo Hernán, al cual no le recibo licor de contrabando porque no quiero quedarme ciega y además, no podía estafarnos con esto, sabíamos reconocer desde lejos si era alguna marca chimba y no nos dejaríamos embaucar, debía siempre darnos algo original, así que Ricky abrió la botella de aguardiente y empezó a repartirla entre las diez personas presentes, eran los mismos que venían siempre, pero hoy había alguien diferente y el pelinegro parecía querer encajar como pudiera, aunque se notase que no podía beber más, había bebido unas ocho cervezas negras y muchos tragos de aguardiente. Notaba que se trataba al hablar y que le costaba mucho ponerse de pie y era lógico, jamás ha bebido y hoy lo ha hecho como si tuviese mucha experiencia en ello, lo cual mañana le causará mucho malestar. A eso de las nueve, vi a Ricky acercarse a darle un milésimo trago y Alejandro, quién lo iba a aceptar a pesar de que se notaba a leguas de que había llegado a su límite de alcohol, pero no lo dejé. Agarré el vasito en su lugar impidiendo que lo bebiera y se lo di a otro de los presentes, porque yo ya había bebido lo suficiente. Puedo tolerar mucho más, pero no me gusta amanecer mal al día siguiente y creo que sería peligroso que él siguiera tomando más, su cuerpo no lo podría tolerar la primera vez. -Oye, ya estuvo como bueno, no bebas más.-Sentencié y él sólo asintió. -Vaya, vaya, vaya, pero como lo sobreproteges.-Dijo Ricky entre risas, pero eran risas nada agradables, es que cuando está ebrio, se ríe de una forma diferente, ruidosa y perturbadora. -¿Quieres que tenga un coma etílico o qué? -Los machos bebemos mucho más. -Déjate de esos comentarios, se puede intoxicar. -Puedo beber más.-Dijo trabándose al hablar y Ricky y yo reímos. Este se fue y miré de reojo al pelinegro. -No beberás más y ya te dije.-Sentencié -Estoy algo mareado y tengo mucho sueño.-Admitió y exhalé. -Como te veo en ese estado, si quieres me das tu teléfono y llamo a tu escolta para que venga por ti. -No, no, no, es que… siento que si me subo a un vehículo ahora, me marearé, vomitaré y tal vez me marche de este mundo. -Mmm, lo de morirte lo dudo, pero sí podrías vomitar y sería algo feo.-Le dije y él, asintió adormilado.-Ven. -¿A dónde? -Creo que deberías dormir.-Asintió y se puso de pie, pero tuve que sujetarlo o se caería al piso y nadie sería capaz de levantarlo, porque debe pesar y los demás no es que se encuentren en sus mejores condiciones en este momento. Caminamos por la casa, esta es bastante grande como toda casa campestre, con techos altos y tiene cuatro habitaciones, nosotros ocupamos tres y hay una tercera para invitados, pero cuando entramos, allí estaba dormido Emilio, que es uno de los chicos que trabaja recurrentemente acá en la finca y no podría poner a dormir a Alejandro allí sin conocerlo. Bien, genial, supongo no te puedo ni siquiera dejar en la sala porque con lo fino que eres te quejarás y harás un berrinche monumental mañana por ello. Lo pensé solo unos segundos y al final opté por llevarlo a mi habitación, porque no es como que hubiese otra opción y además, no me afectaba en nada, me daba igual y no es como que algo fuese a suceder entre nosotros. Llegamos, abrí la puerta y encendí las luces. Le dije que se acostara en la cama y de inmediato lo hizo, cayó como si hubiese muerto y exhalé, creo que mañana estarás arrepentido de haber bebido de esa manera, te sobrepasaste. Lo observé dormir unos segundos y pensé: ¿debería dormir en la sala o en algún otro lugar? También moría de sueño, pero nunca había dormido con un chico a mi lado desde hace mucho tiempo, años en realidad, desde la adolescencia y no sé, no sé si deba hacerlo, pero… ah, supongo no pensaré mucho en ello. Tomé una ducha rápida, me cepillé y luego me puse ropa cómoda para dormir. Apagué las luces y me recosté a su lado, pero… no es que hubiese mucha distancia entre nosotros. Mi cama a pesar de ser doble, no es tan grande y por desgracia o más bien, para la mía, nos tocaba estar muy, muy cerca, lo cual me tenía un poco nerviosa y no entendía por qué me sucedía esto, no tenía nada de malo dormir a su lado, ¿o sí? No me gustaba tenerlo tan cerca, me desconcertaba, no me dejaba estar tranquila, así que opté mejor por darme la vuelta, cubrirme por las sabanas y cerré los ojos intentando distraerme, creer que no lo tenía cerca, pero no, nada funcionaba y me costó mucho dormir esa noche y no entendía por qué.  
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD