Necesidad
El primer encargo salió de forma exitosa y aunque tuve un inconveniente con un retén inesperado, me di cuenta de esto antes gracias a una aplicación que Ricky instaló en nuestros teléfonos, así que Kevin se dio cuenta, quién iba a mi lado en el asiento de copiloto y pudimos tomar una trocha para esquivar a la policía, porque si revisaban la carga que llevábamos atrás todo se iba a joder en la primera vuelta, pero todo salió bien y cobramos muy buena plata, así que estábamos de buen ánimo. Entre Kevin y Ricky con lo que ganaron se compraron un playstation que llevaban mucho tiempo anhelando, y por mi parte, me compré una televisión para mi habitación, bastante grande porque la que tenía en un bajón de luz se murió, pero la reemplacé por una más grande y mejor, lo cual me tenía muy contenta y de buen ánimo.
Al día siguiente, llegué algo tarde a clases porque me desvelé al usar tanto rato la televisión porque mis primos pusieron la nueva consola allí y jugamos carreras hasta las cuatro de la mañana, así que solo alcancé a dormir poco más de una hora y no debía traer la mejor cara esta mañana. Entré al mismo tiempo que el profesor porque llegó tarde también y miré, estaban todos los asientos llenos, así que exhalé, sin saber qué hacer y al fondo, el pelinegro me hizo señas de que me acercara y vi que había guardado un asiento para mí. Bien, no sé por qué lo hizo, pero se le agradece el gesto porque me habría tocado ir a buscar una silla en otro salón o hasta a veces en otro piso.
Me senté a su lado y él sonrió, al igual que siempre cada vez que me ve. No entiendo, por qué siempre lo hace.
-¿Cómo estás?-Preguntó.
-Bien, ¿y tú?
-Bien, ¿por qué ayer te fuiste? Había otra clase.
-Sí, lo sé, pero tenía que irme.
-Pero… no te despediste.
-¿De quién?
-De mí
-Oh, ¿debía hacerlo?-Pregunté confundida y no entendí la expresión en su rostro.
-Pues… sí.
-Mmm, está bien.
Esa mañana las clases fueron bastante complicadas, porque se estaban adentrando a temas que eran complejos, así que me costó bastante entender y creo que tendría que repasar bastante todo lo visto, pero me costó escuchar porque a cada rato Alejandro me hablaba sobre algo, no era nada importante en sí, pero parecía querer hablarme a toda hora y no entendía por qué.
Esa mañana tuvimos clases como hasta las 10:30am y luego, a la salida, noté que Andrés me miraba bastante mal, igual que ayer y era obvio, seguía de malas, porque fui a saludarlo, pero me esquivó y el pelinegro solo reía, quién no se había despegado de mi lado en toda la mañana, tanto que incluso, cuando lo llamaron sus amigos, solo les habló un segundo, pero cuando vio que me alejaba, se acercó rápidamente hacia mí sin importarle dejarlos atrás.
-Irina, ¿ya te vas?-Preguntó cuando estábamos en la entrada de la universidad.
-Sí, no tengo tanto afán hoy por irme, pero muero de hambre.-Admití y él frunció el ceño.
-¿Por qué no lo dijiste antes?
-Mmm, ¿no sé?
-Ven.-Dijo tomando mi antebrazo y me hizo cruzar la calle, hacia las cafeterías del frente, pero entramos a todas y duramos solo medio minuto adentro, cuando me hacía salir y fuimos a todas, pero por alguna razón prefería irse y parecía inconforme con lo que veía. Cuando salimos de la última, lo noté frustrado y tecleaba algo en su teléfono.
-Oye, ¿Cuál es el problema con estos lugares?-Pregunté y guardó su teléfono.
-¿No los ves? Lucen cutres y huelen mal, no me gustan.-Dijo horrorizado y pensé que no hablaba en serio, pero no, hablaba muy en serio y aquí, aprendería a conocer su personalidad.
-Pues… no se veían nada mal.
-¿Cómo que no? Son horribles, la comida huele como la mierda y se ven… baratos, no me gustan los lugares baratos.-Dijo y fruncí el ceño, entendiendo por donde iba todo.
-Qué comentario tan desagradable.
-Nena, si como baratijas, me pongo mal del estómago, ¿quieres eso? Puedo enfermar y morir.
-Sí, te lo creo.-Dije de forma sarcástica y el asintió, no entendió en nada que no hablaba en serio.
-Ven, tengo un mejor lugar que te a encantar.-Dijo y justo en ese momento, vi un auto detenerse en frente de nosotros, era una enorme camioneta blanca blindada.-Sube.
-¿Por qué lo haría? No te conozco.
-Mmm, no te voy a secuestrar o algo así.
-No me consta.
-Mmm, hagamos una cosa. Si crees que te voy a secuestrar, puedes darle a alguien la matricula del auto o algo así.
-Naah, no te veo pinta de ser así.-Le dije y él frunció el ceño, confundido.-Pero de igual forma me avergüenza.
-Sólo sube.-Dijo y abrió la puerta de este y pensé en mi mente, ¿cómo evadir una situación como esta? Alejandro no tiene cara de ser un mal chico ni nada así, pero no me apetece en nada ir a un lugar con él. No lo conozco y… tampoco es que me den muchas ganas de hacerlo, pero ahora, al ver su mirada, puedo notar claramente sus intenciones, que no va a dejarme ir hasta que acceda a acompañarlo y creo que no tengo otra opción o no dejará de insistir.
Lo acompañé a regañadientes y ese mediodía, empezaría a conocer grandes rasgos de su personalidad, algunos positivos y otros no tanto. Fuimos hasta un restaurante del norte de la ciudad, que era muy, muy elegante. Jamás había pisado un lugar así en toda mi vida. Estaba decorado de forma exquisita, meticulosa, todo brillaba y tenía exceso de decoración, flores, lámparas, estampados en todos lados, alfombra y parecía ser del estilo árabe. El pelinegro al ver que desconocía este lugar, ordenó comida para los dos y no dije nada, no sabía qué pedir, no conozco la comida árabe y él parecía ser experto en eso.
Noté en ese rato que Alejandro era un chico no solo mimado, si no que despilfarraba su dinero, cree que puede impresionar usándolo o tal vez incluso, conquistar a alguien con ello, porque veía claras sus intenciones, quería impresionarme y no sé por qué lo hace de esta manera. Si busca conquistar a alguien solo con su dinero y nada de personalidad, él mismo se echa la soga al cuello porque la chica que conquiste de esta manera, solo lo querrá por su dinero y nada más, pero este tema, el del dinero, abarcaba muchos más aspectos de su vida de los que pudiera imaginar, dominaba casi todos los aspectos de esta y no tenía idea de cómo actuar sin tenerlo, dependía por completo de sus tarjetas de crédito y no me quejo de esto, a todos les gusta el dinero y acepté precisamente este trabajo por lo fácil que podría resultar el ganarlo y sé los gustos que podría darme con esto, pero mi vida no dependía de esto y menos, buscaba conquistar a alguien despilfarrando dinero, porque este almuerzo pudo costar fácilmente unos 300.000 pesos colombianos, lo cual es mucha plata para solo una comida, con eso hago un mercado para un mes, pero él no lo veía de esa manera.
Cuando acabamos de almorzar y pidió dos postres, que por supuesto desconocía, de forma no intencional, noté que lo que tanto miraba en su teléfono, era un blog, de algo así como… no sé, decía: “¿Cómo conquistar a una chica y no morir en el intento?”. Cuando lo vi, evité reír como pude, pero me costó demasiado, era increíble que hubiese buscado un blog para este momento.
-Oye, deja tu teléfono, ¿está bien?-Le dije, pero sin darle el motivo, que es que descubrí el blog que leía y me daba un poco de vergüenza ajena, lo admito.
-Lo sé, perdón. Dicen que es de mala educación estar en el teléfono en una cita.-Dijo mientras lo guardaba y sentí que por poco me atraganto con el vaso de agua que bebía.
-¿Una cita? Oye, ya no me caes tan mal, no creo que seas tan desagradable, pero no, de ninguna manera.
-¿Por qué? ¿qué tiene de malo? ¿o soy yo el del problema?-Preguntó y negué con la cabeza.- ¿Te intimida que sea muy guapo para ti? Sé que puedo ser intimidante, no se ven tipos como yo muy a menudo, pero no importa, te acostumbrarás cuando seamos novios, bebé.
-Oye, supongo que habrás leído en el blog que tenías abierto en el teléfono que ser seguro supuestamente atrae, pero no. No es por ti, pero no planeo salir con nadie, no puedo.
-¿Viste el blog que leía?-Preguntó aterrado y asentí.-Mierda.
-Me da igual eso.
-Pero… ¿no puedes porque… tienes novio?-Preguntó aterrado y negué con la cabeza.
-No tengo.
-Bien, entonces no hay motivo. Serás mi novia, a como de lugar.
-Mmm, sí como digas.-Dije de forma sarcástica y de nuevo, pareció no comprender. ¿Por qué carajos no entiendes el sarcasmo?
-¿Te llevo a tu casa?
-¿Sabes conducir?-Le pregunté y él negó con la cabeza, avergonzado.
-Bueno, pero… mi escolta nos puede llevar.
-Tranquilo, me pasarán a recoger.-Le dije, porque le había avisado a Ricky mi ubicación y ya debía estar cerca.
-Pero… dijiste que no tenías novio.-Dijo cabizbajo, como aterrado ante la idea y exhalé.
-No tengo, es mi primo el que viene por mí.
-Pero… mmm, he escuchado a mis amigos decir que han estado con sus primas y…-Lo interrumpí.
-Oye, ¿tan rápido y ya estás celoso?
-Claro, no voy a querer a terceros rodeando a mi futura novia.
-Mmm, me tengo que ir.-Le dije al ver el mensaje de Ricky, acababa de llegar y me puse de pie, él lo hizo también.-Oye, gracias por el almuerzo, estuvo bueno a pesar del precio.
-¿Te pareció muy barato? Porque la próxima podemos ir al restaurante de un amigo de mi madre que es muy exclusivo y…-Lo interrumpí de nuevo.
-No, es que estuvo carísimo, pero no te preocupes.
-Bueno.-Dijo y me miró fijamente, como si esperara algo y no entendía qué podría querer.
-¿Quieres decirme algo?-Le pregunté y exhaló, molesto como si estuviese a punto de hacer una pataleta.
-Nena, leí que después de todas las citas… se supone que debemos besarnos.
-Oye, ¿quieres morirte hoy?-Pregunté y pareció aterrado.
-No, quiero vivir por mucho tiempo más, pero también quiero mi beso.
-Bueno, bésate tú mismo.
-¡No! Quiero uno tuyo.
-Oye, no y es en serio.
-Mmm, está bien.-Dijo desviando la mirada, triste y exhalé.
-Qué estés bien y de nuevo, gracias.
-Bueno.-Dijo algo nervioso y lo noté en ese momento, este chico es completamente inexperto y cree que todas las cosas las puede obtener bien fácil, sin lucharlo o con dinero simplemente, pero no, no iba a salir con él solo porque se le hubiese metido el capricho y los chicos como él, se les pasa bastante rápido la obsesión, es algo momentáneo y ya luego lo veré molestando a alguien más, así que simplemente lo dejaré pasar.