MAXWELL Aruba nos recibió con un clima soleado y grandes olas, era nuestro aniversario número doce y esta vez decidimos venir todos en familia. La playa por suerte no estaba atestada de gente y además como había alquilado un complejo cerrado si queríamos más privacidad teníamos una playa para nosotros solos. Amelia caminaba a mi lado mientras hablaba emocionada de las clases de buceo que tomaría más tarde, Ava y Anna se vislumbraban jugando a la orilla del mar, cuando llegamos a la carpa donde Sadie descansaba sobre una tumbona, la boca se me hiso agua, el bikini que llevaba puesto no dejaba nada a la imaginación y me jodio la cabeza de una forma impresionante, nuestro hijo, el pequeño Alexander, de tres años descansaba a su lado. Si, el también como sus hermanas tenía la letra A al com
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