MAXWELL Cuando volví por la tarde, supe que se había ido, ni siquiera hiso falta entrar a nuestra habitación y ver que faltaban la mitad de sus cosas. Un destello de luz en la mesita de noche captó mi atención, su anillo de compromiso, aunque falso, estaba ahí, como si lo hubiera tirado a un lado por descuido. Lo tomé y lo pellizqué entre el pulgar y el índice. Se había acabado, se había ido. Yo la había echado. Joder. Me sentía como una mierda, guardé el anillo en el cajón superior de mi cómoda y salí de este lugar que había comenzado a asfixiarme, necesitaba un trago y lo necesitaba ya. Intenté decirme a mí mismo que era lo mejor, yo no podía volver a confiar en ella después de ver esas fotos y era consciente de que la había echado sin contemplaciones. Asique, la realidad era que

