Hay un momento en la vida que sientes que estás flotando en las nubes, que la felicidad es demasiado para dejarla solo para ti, así que quieres gritar a los cuatros vientos, contarles a todas las personas importantes en tu vida acerca de tu dicha. Es ese momento en que cualquier ruido es música para tus oídos, un tropezón es causa de risa; el sol brilla, aunque esté nublado y nada puede bajarte el ánimo ni opacar esa felicidad, excepto... —No creo que debas aceptar esa beca —suelta Esteban sin más. Ni siquiera he sopesado los beneficios ni lo importante que es esto para mí. —¿Por qué no? —La tristeza denota en mi tono de voz—. ¡Es una beca, Esteban! Incluso me pagarán los materiales y el transporte. ¿Sabes el peso que esa ayuda me quitaría de encima? Si apenas puedo sobrevivir con mi su

