Después de almorzar con Lacroff, he decidido aprovechar que él está pintando para venir al supermercado a comprar los ingredientes de la cena que le haré como regalo de cumpleaños. —¿Layla? —Me giro sorprendida al reconocer la voz que me nombra. —¿Thiago Roldán? —Lo miro con asombro. De todas las personas que me podría encontrar en este lugar, él es a quien menos me imaginaba. —Pero ¡qué casualidad! Parece que el destino se empeña en juntarnos. —Sonríe con emoción. Su mirada coqueta me hace sentir incómoda—. ¿Cómo estás, hermosa Layla? —Bien, ¿y tú? —Mejor, ahora que te veo. Es que tu ser emana una energía llena de calidez que relaja y alegra el día. No me gusta que me alaben tanto. —Gracias... —respondo con timidez. —¿Por qué no nos bebemos un café juntos y así hablamos de los pro

