46. Las despedidas que duelen

3395 Words

La mañana siguiente llegó demasiado pronto, trayendo consigo la realidad inevitable del regreso. Tharso y Celeste empacaron sus pertenencias con movimientos lentos, como si pudieran retrasar lo inevitable estirando cada tarea mundana. —Tengo algo para ti —dijo Naya cuando bajaron con su equipaje, extendiendo un paquete cuidadosamente envuelto hacia Celeste—. Es el vestido púrpura. Logré quitar las manchas por completo y reparé algunos pequeños daños en la tela. Celeste miró el paquete con ojos que se llenaron de lágrimas inmediatas. —¡No puedo aceptarlo, señora Naya! —protestó—. Era de la madre de Tharso. Es demasiado especial, demasiado personal. No sería apropiado. —Precisamente por eso debes llevártelo —insistió la mujer mayor, presionando el paquete en las manos de Celeste—. Elena

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