El sonido de pasos descendiendo las escaleras hizo que Tharso alzara la vista de las provisiones que había estado organizando junto con Naya. Sus ojos azules se encontraron con los verdes de Celeste en el momento exacto en que ella aparecía en la sala, y una sonrisa verdadera se extendió por su rostro sin que pudiera evitarlo. —Buenos días, Celeste —la saludó, dejando de lado las botellas de leche que colocaba sobre la mesa de la cocina, para concentrar toda su atención en ella—. ¿Cómo has estado esta mañana? —Bien, gracias —respondió ella, sintiendo cómo su corazón se aceleraba al verlo sonreír de esa manera tan cálida—. ¿Y tú? Veo que fuiste por provisiones muy temprano. —Naya necesitaba carne fresca y leche para el desayuno —explicó Tharso, acercándose un paso hacia ella—. Además, qu

