El contacto físico fue electrizante para Celeste de una manera que no había anticipado. Nunca en su vida un hombre la había tocado de esta forma. Como princesa, su contacto físico se había limitado a sus doncellas cuando la ayudaban a vestirse o a arreglarse, o a los saludos formales con la mano durante ceremonias oficiales. Este tipo de contacto cercano, íntimo, con un hombre fuerte que la rodeaba con sus brazos, era demasiado nuevo y desconcertante. Su corazón comenzó a latir más rápido, y sintió como el calor subía por su cuello hasta sus mejillas. Esperaba que Tharso no pudiera notar su reacción, pero sospechaba que, con los sentidos agudos de los Licanos, era imposible esconder algo así. «¡Ay! Seguramente puede escuchar mi corazón latiendo tan rápido... qué vergüenza», pensó Celeste

