Tharso se dirigió hacia el área donde se ubicaban las tiendas de los otros regimientos, listo para comenzar con la venganza que habían planeado durante años. Sus soldados lo siguieron como una manada silenciosa, cada uno procesando la magnitud del momento que estaban a punto de vivir. El aire en el campamento había cambiado desde la muerte de los reyes; se respiraba una tensión que prometía violencia sin misericordia. Cuando el rey de los Licanos llegó al centro donde convergían los tres regimientos, alzó su voz con una autoridad que nunca había usado en público. —¡Soldados del campamento Vena Plateada! —gritó, con su voz cortando el aire matutino—. Todos sintieron el tirón hace unos minutos. Todos saben lo que significa cuando los Vínculos de Servidumbre se debilitan así. Un murmullo s

