A la mañana siguiente, Alexa llegó temprano a la oficina, más temprano de lo habitual. Se sentía nerviosa, pero a la vez emocionada. No podía dejar de pensar en el mensaje misterioso, aunque decidió que no permitiría que eso arruinara su día. Su prioridad ahora era disfrutar de su desayuno con Nikolai y entender qué estaba ocurriendo entre ellos.
Minutos después, Nikolai apareció con una bolsa de pan fresco y una sonrisa encantadora en el rostro. Sin decir mucho, se dirigieron a la oficina de Alexa, donde ella preparó dos tazas de café mientras él colocaba los panes sobre la mesa. La conversación fluyó con naturalidad, como si ambos estuvieran sumergidos en una burbuja donde solo existían ellos dos.
—¿Cómo dormiste? —preguntó Nikolai, dándole un sorbo a su café.
Alexa dudó un momento antes de responder. Pensó en el mensaje y en la foto, pero decidió no mencionarlo.
—Bien, aunque tardé un poco en conciliar el sueño —respondió con una sonrisa.
—Me alegra escuchar eso. —Nikolai se inclinó un poco hacia ella, observándola con intensidad—. Me gustó mucho salir contigo ayer… con los niños también, pero me gustaría más tener una salida solo para nosotros. ¿Qué dices?
Alexa sintió un leve cosquilleo en el estómago. Sabía que estaban cruzando una línea de la que ya no podrían regresar, pero no le importó.
—Digo que sí —respondió con sinceridad.
Por un instante, se miraron en silencio. La atracción entre ellos se hizo insoportablemente evidente. Nikolai dejó su taza en la mesa y se acercó un poco más. Alexa sintió su respiración agitada y, sin pensarlo, él acarició su mejilla con ternura.
—No sé cuánto más pueda contenerme, Alexa —susurró él, con la voz cargada de deseo.
—Entonces, no lo hagas —susurró ella de vuelta.
Fue todo lo que necesitó escuchar. Nikolai cerró la distancia entre ellos y la besó, con firmeza, pero también con dulzura. Alexa correspondió sin dudarlo, enredando sus dedos en el cabello de él, disfrutando del momento, de la calidez de sus labios y de la sensación de finalmente dejarse llevar.
El beso duró más de lo que cualquiera de los dos había planeado. Cuando finalmente se separaron, ambos sonrieron, con las respiraciones agitadas.
—Esto cambia muchas cosas —dijo Nikolai, acariciando su rostro.
—Lo sé… pero no me arrepiento —respondió Alexa.
En ese momento, alguien golpeó la puerta de la oficina. Alexa y Nikolai se separaron apresuradamente. Ella se acomodó el cabello, tratando de lucir normal, mientras Nikolai tomaba de nuevo su taza de café con aparente tranquilidad.
—Adelante —dijo Alexa, aun con el corazón acelerado.
La puerta se abrió y Sergei entró con su expresión seria de siempre. Sus ojos recorrieron la escena con suspicacia.
—Buenos días —saludó con frialdad—. ¿Interrumpo algo?
Alexa y Nikolai intercambiaron una mirada rápida antes de responder. Sin embargo, antes de que pudieran decir algo, el celular de Alexa vibró de nuevo. Un nuevo mensaje había llegado.
Y esta vez, traía una advertencia que la hizo sentir un escalofrío recorrer su cuerpo:
"Te advertí que te mantuvieras alejada de él. Esto no ha hecho más que empezar."
Alexa sintió que su pulso se aceleraba al leer el mensaje. Los ojos de Sergei no se apartaron de ella, como si estuviera esperando una reacción. Su respiración se volvió más irregular, y el ambiente se tensó de inmediato. Intentó ocultar su incomodidad, pero sabía que algo no estaba bien. El mensaje la había golpeado en el lugar más vulnerable, justo en ese preciso momento en que las emociones entre ella y Nikolai parecían estar comenzando a transformarse en algo más.
—¿Todo bien? —preguntó Sergei, frunciendo el ceño al notar el cambio en el rostro de Alexa.
Nikolai, que estaba observando atentamente la escena, dejó su taza sobre la mesa y se inclinó ligeramente hacia adelante. No podía evitarlo, su instinto protector despertó al ver la tensión en el rostro de Alexa.
—¿Un mensaje? —preguntó, sin poder ocultar la curiosidad.
Alexa no dijo nada al principio, pero finalmente se obligó a mirar a Nikolai. Había algo en su mirada que le decía que podía confiar en él, al menos por el momento.
—No es nada… —respondió, guardando el teléfono rápidamente en su bolso. Sus palabras sonaron más convincentes de lo que se sentía.
Sergei la observó por un instante, pero no dijo nada más, solo asintió y se acomodó en una silla cerca de la mesa. Parecía que algo le rondaba por la cabeza, pero no lo expresó en voz alta.
Alexa intentó retomar el control de la situación, respirando hondo.
—¿Qué te trae por aquí tan temprano, Sergei? —preguntó, cambiando de tema con una sonrisa forzada.
Sergei, visiblemente relajado ahora que el foco de atención no estaba en él, se reclinó en su silla.
—Solo quería asegurarme de que todo estuviera en orden antes de las reuniones de la tarde —respondió, pero Alexa pudo notar una ligera sombra en su tono. Sergei no era alguien que se detuviera por simple cortesía.
El silencio entre ellos se alargó un momento, pesado, como si hubiera algo que ninguno se atrevía a decir. Finalmente, Nikolai rompió la quietud.
—¿Y las reuniones de esta tarde, qué tema tocan? —preguntó, como si quisiera aligerar el ambiente.
Alexa aprovechó la oportunidad para concentrarse en el trabajo y desviar su atención del mensaje. Con un poco de esfuerzo, volvió a centrarse en el presente, pero su mente seguía dando vueltas a las palabras escritas en su teléfono. ¿Quién estaba detrás de todo esto? ¿Y qué quería realmente?
Sergei habló más sobre la agenda del día, pero sus palabras ya no lograban captar toda la atención de Alexa. Sus pensamientos seguían atrapados entre la advertencia del mensaje y la creciente conexión con Nikolai.
Al final, la reunión matutina concluyó con un leve aire de tensión. Sergei se levantó para salir, pero antes de irse, se volvió hacia Alexa.
—Nos vemos más tarde, no olvides la reunión con el equipo de marketing. —Su tono era casi amable, pero había algo inquietante en su mirada. Alexa asintió, agradeciendo la salida.
Cuando Sergei cerró la puerta detrás de él, Alexa y Nikolai permanecieron en silencio. Finalmente, fue él quien habló.
—Alexa, ¿quieres contarme qué está pasando? —preguntó suavemente, acercándose un poco más.
Alexa lo miró, y por un momento, el peso del misterio y la incertidumbre sobrecargaron su mente. ¿Era el momento adecuado para contarle todo? Sabía que confiar en él era un riesgo, pero al mismo tiempo, algo en su interior le decía que no podía seguir enfrentando todo esto sola.
—Es solo… un mensaje —dijo finalmente, luchando por encontrar las palabras adecuadas—. Alguien me está advirtiendo. No quiero que te metas en esto, Nikolai. No quiero que te hagas daño por mi culpa.
Nikolai se acercó aún más y, sin dudarlo, tomó su mano con firmeza.
—Alexa, no me asusta lo que puedas contarme, ni lo que pase. Si hay algo que pueda hacer para ayudarte, lo haré. No me importa lo que esté ocurriendo. Tú eres lo más importante ahora.
Las palabras de Nikolai llegaron como un bálsamo para sus inseguridades. Alexa respiró profundamente, sintiendo una oleada de consuelo que, de alguna manera, despejaba parte de la niebla que la envolvía.
—Gracias —susurró ella, apretando su mano, con la decisión de que compartir la carga podría ser el primer paso para librarse de ella.
Sin embargo, en el fondo de su mente, sabía que esta advertencia era solo el principio de algo mucho más grande y peligroso. Algo que pondría a prueba tanto sus emociones como su seguridad. Y, sin embargo, no podía evitar desear seguir adelante.