Miré la carne destrozada y me encogí de hombros. —No está mal mamá, de verdad, las he pasado peores.— Ella sacudió la cabeza y luego señaló la isla en el medio de nuestra cocina desde donde Eli y yo solíamos lanzarnos para poder enfrentarnos. —No me importa, soy tu madre.— Sonreí mientras mi bestia le aullaba. Nuestra madre. Me apoyé contra la isla y la dejé comenzar a limpiar un poco de sangre, sus ojos, que eran más verdes que los de mi padre, bailaban mientras una sonrisa tiraba de sus labios. —¿Cómo es esta verdadera mamá? ¿Cómo estás aquí?— —En realidad nunca morimos, Ethan —respondió ella con total naturalidad. —Lo hiciste muy bien hoy. Tu padre está muy orgulloso. Sabíamos que podía hacerlo.- —¿Papá vio?— —Claro cariño, tenía asiento en primera fila como una hora antes de que c

