—¿Qué pasó?— Sacudió la cabeza mientras sus ojos intentaban ocultar los demonios que lo arañaban. —Fue sólo un sueño. No importa—. Besé el dorso de su mano con una suave sonrisa. Mi loba gimió en el fondo de mi mente, no le gustaba ver a nuestro macho tan dolorido. Dejé que mis dedos recorrieran el borde de su mandíbula. —No es tu culpa, ¿sabes?— Parpadeó y me miró a unos ojos que no estaban haciendo un buen trabajo para convencerme de que estaba de acuerdo. —¿Quieres desayuno?— Asentí y le dejé cambiar la conversación. No estaba listo para abrir la caja de Pandora, al menos todavía no. —¿Quieres ver si Derek nos hará panqueques?— Sus labios se torcieron en una sonrisa que pareció romper su estado de ánimo anterior. Salí de la cama y me estiré mientras él me seguía. Para mi disgusto,

