—Está bien niña, continúa—. —Vi pícaros, dos veces Levi—. —¡¿Qué?!— Escuché su gruñido por teléfono y supe que estaba a dos segundos de salir por la puerta principal y marchar hacia aquí. —Cálmate, déjame contarte sobre ello, ¿vale?— —Bien—, cortó. —¿Recuerdas que cuando nos atacaron después de la caza, no pudimos encontrar nada? ¿Cómo desapareció el olor?— —Sí—, respondió un poco lacónicamente. —Todavía estamos husmeando. Me vuelve loco que no podamos encontrar nada—. —Bueno, eso pasó aquí.— —¡¿Qué?!— gruñó de nuevo. —¿Qué diablos está haciendo Thomas entonces? No me ha llamado para eso—. —Eso es porque no está haciendo nada—. El teléfono estaba en silencio y sentí que mi ritmo cardíaco se aceleraba un poco. Podía escuchar una respiración agitada y supe que Levi probablemente es

