LEANDER Ever dio un fuerte asentimiento al Alpha Cyril y se alejó. —Tu castigo es de quince. Cuenta cada uno en voz alta. ¿Entendido? —La voz profunda y de barítono de mi padre se escuchó claramente. —Sí —susurró ella. Quince no era malo. No debería llevar mucho tiempo. Yo estaba más que dispuesto a pasar al siguiente paso. Mi padre no perdió tiempo. Levantó la mano y la paleta descendió, el sonido del golpe resonando fuertemente en el aire. Sydney se sobresaltó pero no emitió ningún sonido aparte de la cuenta. A medida que el castigo continuaba y cada golpe caía, Sydney ya no podía contener sus gritos de dolor. Su pecho se agitaba mientras jadeaba con fuerza. Los lobos observaban con entusiasmo, chismeando entre ellos, complacidos con el espectáculo. Me sorprendió un poco su vocal

