Alisé uno de los brillantes mechones rojos de su cabello detrás de su oreja y mantuve su mirada mientras comenzaba. —Soy un lobo afortunado de que una hembra tan vibrante, brillante, lista... idiota. —No pude evitar agregar la última palabra. Hubo risitas entre la multitud. Hyacinth rodó los ojos, pero sus labios se movieron. Ella sabía que hablaba la verdad. Tenía bastante lengua, lo cual me gustaba. —… Como tú, ha accedido no solo a dejarme marcarte sino también a reclamarte. El corazón de Hyacinth latía rápido en su pecho. Sus ojos estaban abiertos y brillantes, llenos de nerviosismo. Mi mano descansaba en su hombro, acariciando suavemente su cuello con los dedos. —Esta noche representa un nuevo comienzo, un nuevo futuro lleno de esperanza y vida para la manada. Incluso mientr

