Que Camila estuviera de nuevo frente a ella no le hacía las cosas más sencillas. Esa última semana había sido un desastre absoluto. Sus padres habían llegado, los padres de David incluso, y ahora, Camila. Ver a la ex amante de su esposo le revolvía el estómago como si quisiera vomitar y sin el apoyo de David, enfrentarse a esa mujer era algo terrible. —Camila. -Tragó saliva al verla en su vestíbulo dónde manejaba su oficina. Lucía radiante con aquel vestido ceñido, los tacones de aguja, el sombrero de ala ancha y los lentes de sol. La boca maquillada de rojo, el mismo tono que tenía en las uñas y esa sonrisa autosuficiente que hacía mella en su propia confianza. —¿Qué puedo hacer por ti? —Me habían dicho que eras tú, Thalía, pero no quise creer. Cuando me contaron que estabas en Nueva Yor

