Soy católica apostólica romana, me gusta estar en la iglesia y me siento renovada después de una misa, mi familia también lo es y las iglesias me traen recuerdos lindos, mi primera comunión, la confirmación, la boda de mis padres y toda la catequesis en general, en Santa Rosa de Osos iba cada domingo, pero acá me costaba mucho encontrar una parroquia a mi gusto, no me gustaba la de la Estrella porque aún estaban reconstruyendo el parque, Candelaria muy lejos, pero un día mientras salía de la universidad la vi, muy cerca de ahí, la parroquia de Nuestra Señora de Belen.
Un dia luego de clases, iba junto con Angie, su actitud había cambiado un poco, ya no me hablaba sobre sus parejas, hablábamos mucho de la universidad, de los compañeros, de las clases, de los docentes, de los administrativos, ese día decidimos ir a tomarnos un café, aún era muy temprano y mientras nos sentábamos le pregunté:
-¿Tú vas a misa?
-No.
-¿Por qué?
-No disfruto mucho de las iglesias.
-No son para disfrutar, son para congregarse.
-Dios está en todas partes, Mariana.
-Tienes Razón.
De todos modos, así era Angie, no esperaba que ella entre todas las personas que conocía quisiera ir a la iglesia, pero tampoco voy a juzgarla por sus creencias, pensé en pedirle que me acompañara pero debía ser inútil, nos despedimos, ella se vería con su pareja, por lo tanto no la llevé a su casa y quise conocer la parroquia.
Hace un par de años había tenido un conflicto ideológico con la iglesia católica, cuando estudiaba en Santa Rosa de osos, cada domingo mi amigo Juan Carlos y yo íbamos a la iglesia, participábamos las actividades y asistíamos a los encuentros, pero pronto él dejó de ir, luego me enteré que había sido vetado, yo no lo sabía pero Juan Carlos era Homosexual, iba a fiestas donde miembros de la comunidad LGBTYQ podían estar fuera del sesgo de un pueblo tan tradicional.
Me puse muy triste incluso pensé en no volver a la parroquia, nunca pensé que algún día me encontraría en la situación donde mi fe y lo que considero correcto estuvieran contrariados, hable con Juan Carlos y él me dijo que no debía dejar de asistir, le mostré mi apoyo y le expresé que su amistad era tan valiosa para mí y que su orientación s****l nunca seria para mi algo importante.
La segunda vez que fui a la iglesia fue para una misa un domingo a las 7pm; vi a un grupo de jóvenes que se reunían al final cerca del altar y me fui acercando brevemente pues quería escuchar lo que decían, mencionaban detalles de una donación y me sentí atraída con la conversación, entonces saludé:
-Hola ¿cómo están?
Todos me saludaron de forma muy entrañable, y les comenté que quería ayudar, ellos me contaron todo, eran el grupo juvenil de la iglesia, realizaban brigadas de ayuda a niños en barrios de escasos recursos y preguntaron si quería unirme, dije que si de inmediato y les dí mi número. Fui con ellos a la sierra, San Cristóbal, Prado y muchos otros lugares, me sentía bastante cómoda y mis compañeros eran muy respetuosos.
Le conté a mis padres y se sentían muy felices por mi nueva actividad, esta maldita ciudad estaba empezando a gustarme, me gustaba la Universidad, mi casa, me gustaba compartir con Angie, me gustaba ir a la iglesia y me gustaba participar en todo lo que hacía el grupo juvenil, salíamos, recolectábamos dinero, donábamos, yo no necesitaba más.
Recuerdo un domingo, era una mañana muy fría, fui a la iglesia y luego de la misa tuve una breve reunión con el grupo juvenil y lo vi ahí, hablando con el sacerdote, era el maldito Camilo, llevaba al menos un mes sin saber nada de él, me quede esperándolo y cuando salió de la iglesia lo llame y pregunté.
-¿Me estas siguiendo?
-No, el cura es mi amigo.
-¿De dónde lo conoces?
-Era un amigo de mi papá.
-¿Ya no son amigos?
-Mi papa murió.
-Lo siento.
-Tranquila, ¿qué vas a hacer ahora?
-No mucho.
-¿Quieres hacer algo?
-¿Algo como qué? está aún muy temprano.
-Un café.
-Está bien ¿vienes en tu carro?
-Si-
-Vamos en él y me traes de regreso aquí ¿te parece?
Quería asegurarme de tener una razón para regresar, no confiaba demasiado en él, aunque debo admitir que quizás era la luz del día pero se veía más atractivo que la última vez, más alto, mejor vestido, más interesante y el hecho de que estuviera también en misa me hizo sentir más segura, por alguna estúpida razón conectamos a la iglesia con personas de buena reputación, pero no siempre era asi.
Me llevó al centro comercial los molinos y entramos a un café – Bar hablamos sobre la iglesia, sobre la U, al poco rato mi forma de hablar se hacía más monosilábica y él lo notaba hasta que preguntó:
-¿Te pasa algo?
-Tengo dos preguntas, si decides mentirme está bien, yo no tengo como demostrarlo, pero si me dijeras la verdad sería muy importante para mí.
-Dime.
-¿A qué mierda te dedicas realmente? Tú no eres corredor de apuestas.
-¿Cómo lo supiste?
-Dinero en efectivo, si corres apuestas te consignan, no estamos en los años ochenta, ¿Qué haces para vivir?
-¿Quieres la verdad?
-Efectivamente es eso lo que quiero.
-Tengo unas acciones en el mundo del narcotráfico, invertí una plata que tenía ahorrada en eso, y me está generando utilidades.
-¿Vendes droga? O sea, eres un traqueto.
-Si.
Estaba estupefacta, no esperaba que dijera la verdad, estaba tan sorprendida, luego asustada, pero también muy intrigada, él pudo notar mí incomodad y se apresuró a decirme:
-Tú no debes sentir miedo por mí, no soy violento, no vendo la droga directamente, no he matado a nadie.
-¿Por qué lo haces?
-Por dinero, por puro dinero, podría mentirte y decirte que soy pobre y que necesito hacer esto, pero no, vi una oportunidad fácil de hacer dinero y no lo desaproveché.
-Eres un puto delincuente por convicción.
-Si lo soy.
-¿Y me lo dices así, así nada más?
-Soy sincero contigo.
-¿Por qué?
-Porque no dejo de pensarte, por eso, me gustas mucho desde el día en que te conocí y me sentía mal por mentirte, porque quiero que me conozcas como soy en realidad.
-Me quiero ir, me llevas por favor.