MALDITA CIUDAD

1785 Words
Esta maldita ciudad es ruidosa, algo pretenciosa, a decir verdad, no quería venir aquí no quería dejar mi hogar, pero madurar es entender que no voy a poder hacer lo que quiero siempre, la mayoría del tiempo el deber será la muerte del capricho; tan solo llevo dos meses aquí y siento que ha sido una eternidad, siento que me ha sucedido de todo; pero y por donde empiezo. He venido aquí por transferencia universitaria, abandone la Universidad de Santa Rosa de Osos, puesto que su carrera de Derecho perdió el registro calificado, tenía tantas opciones y la Universidad de Medellín era la última pero era la única que homologaría las materias que había cursado, mi familia es una familia ganadera de Santa rosa de osos y tenemos una fortuna bastante abultada, allá me sentía poderosa económicamente hablando era la estudiante más adinerada por alto margen, en la Universidad de Medellín era una más; era la universidad más cara de una de las ciudades más costosas del país. Mi primer gran problema fue encontrar un lugar adecuado donde vivir, cercano a la universidad, pero también en un barrio seguro, estaba dispuesta a estar muy lejos con la intención de estar segura, y eso hice; encontré un apartamento en el municipio de la estrella el cual me ubicaba a cuarenta minutos o una hora en un mal día; tuve que pagar un anticipo de 3 meses y firmar un contrato por un año, a la semana el dueño empezó a escribirme en horarios inapropiados y solía hacerme invitaciones, hasta que no me quedo otra que decirle que no me interesaba hablar o salir con él; fue muy incómodo, pero me asegure de tener el contrato firmado antes de mandarlo a la mierda.   Mi primer dia de clase fue horrible, esa mañana llovía con demasiada fuerza, aun asi decidí salir con mi automóvil, en la estrella la neblina te cegaba por completo y tan pronto logre salir de ella me encontré con un tráfico abrumador, no miento cuando digo que avanzaba unos 3 kilómetros cada 10 minutos, al parecer había sucedido un accidente muy grave, al ser nueva no conocía rutas alternativas y opte por seguir la ruta que me marcaba el GPS. Estuve durante una hora en el tráfico y cuando por fin podía conducir a mayor velocidad, en medio de la calle 37 con carrera 40, a 20 minutos de la universidad, un maldito ebrio chocó levemente mi automóvil en el costado derecho, debo agradecer que iba a poca velocidad, solo causo un pequeño golpe acompañado de algunos rayones, salí del auto muy preocupada por la otra persona, ya que en ese momento no sabía que era un estúpido ebrio, me asomé por la venta y vi a alguien sangrando. El ebrio salió y empezó a gritarme, fue en ese momento en que noté su estado, con una tranquilidad inusual volví a mi auto, saque de mi bolso mi gas pimienta, me acerque al imbécil y se lo rocié en la cara, quizás no era un ebrio violento hasta el punto de golpearme pero no tenía la paciencia para averiguarlo, es mejor prevenir que lamentar, dicen; me acerque nuevamente al auto de él y en el asiento del copiloto se encontraba una joven, cuya frente sangraba y evidentemente estaba aturdida, le quite el cinturón de seguridad y la ayude a salir. La senté en el andén, saque un pañuelo de mi bolso y lo use para detener su sangrado, me senté junto a ella y pregunté -¿Te sientes bien? -sí, creo. -¿Este borracho es amigo o familiar tuyo? -Es un Uber. -Entonces pésimo servicio, ¿Cuál es tu nombre? -Angie. -Bueno Angie, evidentemente ya voy tarde a clase, tengo que llamar al tránsito, al seguro, quizás a la policía y quiero llevarte, ¿A dónde vas? -Voy a la Universidad de Medellín. -¿En serio? Igual yo. -Entonces te espero, tengo un examen y no estoy preparada, quiero usar esto como calamidad. -¿Estudias derecho? -¿Cómo lo supiste? -Simplemente Adiviné. Luego de más o menos una hora y media de fotos, responder preguntas, ver como multaban al ebrio, fijaban la escena y todo eso, pude por fin disponerme para ir a la Universidad, al principio me agradó conocer a Angie, no había hecho ninguna amistad y menos en la Universidad, pero luego de 6 minutos en mi auto me arrepentí, Angie era sonsa, poco inteligente, hablaba demasiado y estaba cansada de escucharla hablar de su novio, por alguna razón sintió que me importaba, pero no. Aun así tome su número, no me caía bien, pero la necesitaba; no puedes subestimar un buen contacto, aunque sea una persona a la que no te gustaría contactar, sin contar el choque el día fue común, clase, receso, clase, receso, comer, clase, receso, clase, me voy a mi puta casa; y así fue durante los primeros meses. Algo que gozaba demasiado era ir al supermercado, en Santa Rosa de Osos, una empleada se encargaba de las compras y mi madre de la lista, a menudo quería ciertas cosas pero mi madre se esmeraba en cuidar mi dieta, pero lejos de su jurisdicción entraba directo a la sección de dulces; iba al éxito, para comprar cereales, brownies,  cervezas, mis favoritas era la Corona y Águila; poco de comida para preparar, prefería pedir domicilios para el almuerzo, desayunar algún cereal y no cenar, me mentía a mí misma diciéndome que lo hacía por mi figura. Otra cosa que disfrutaba era la atención de los compañeros con la chica nueva, era una novedad para ellos, era un objetivo a cumplir, sabía muy bien que no les gustaba por mi personalidad y en mucho casos tampoco por mi físico la única razón por la que querían estar conmigo es porque les vendía la idea de que no estaba a su alcance, la mente del ser humano está diseñada para retar al rechazo, cada vez que se cierra una ventana intentaremos abrirla, pero cuando se trata de un hombre, tras esa puerta se oculta algo que quieren y es la justificación de su ego; me niego a ser el objeto que justifique el ego de alguno de esos imbéciles, pero me encantaba la cantidad de invitaciones y detalles que me hacían. No se confundan, lo que más disfrutaba no era que me dieran algo que yo misma me podría comprar, aquello que me encantaba eras ver en sus ojos y su mirada como su ego se desmoronaba cuando les decía a la cara que no me interesaban, es una sensación indescriptible, en ocasiones me da lástima y en ocasiones me convenzo a mí misma de que no es mi problema, es su decisión querer comprar mi atención y que no lo logren. En un punto no entendía una materia y no estaba dispuesta a perder así que accedí a salir con un compañero solo porque necesitaba de su ayuda, recuerdo que me llevo al Parque Lleras, un área linda de la ciudad, muchos locales comerciales y demasiada demografía universitaria, demasiado para mi gusto; Daniel era algo aburrido, físicamente era muy atractivo, más de un metro con ochenta centímetros, sonrisa perfecta, un cuerpo atlético y un color de piel algo trigueño, tenía una voz profunda y una labia poderosa, pero para una mujer como yo, era solo un cofre de oro que estaba vacío por dentro. Fuimos a comer, fuimos a bailar y descubrí que soy demasiado buena fingiendo que alguien me interesa, intento besarme y lo rechacé, esperaba que fuera intenso y se comportara de forma machista pero lo entendió y nunca más volvió a hacerlo, no disfruté para nada la noche, no fue lo peor que pasó pero no me sentí a gusto. Eran entre las 3AM y 4AM cuando tome el Uber que me llevaría a mi casa, había decidido no conducir, tenía ganas de beber un poco; mientras transitábamos la avenida “Guayabal” en un pequeño instante en el que el Uber conducía lento lo vi, cargaba un televisor a su camioneta, al principio no podía evitar pensar ¿Quién se cambia de casa a estas horas? Quizás tuvo una discusión con su pareja o no quiere que nadie note que se va; pero aun en ese instante y aunque solo lo vi de lejos su presencia logro deslumbrarme. 10 minutos más tarde el vehículo del Uber falló habíamos recorrido casi un kilómetro y medio, intento prenderlo hasta que se dio por vencido y me dijo que tomara otro auto, intente con la aplicación pero no había nada disponible, luego intenté tomar un taxi y todos ocupados, estaba tan molesta que empecé a caminar sola, el conductor Uber me llamo pero lo ignoré, cerca había una discoteca, se veía como de mala muerte, pero en momentos así solo habían dos opciones por escoger, ser acosada sexualmente en una discoteca estrato 1 con otras mujeres drogadas y ebrias a tu alrededor que podrían ayudarte o ser abusada sexualmente en una calle solitaria. El cover eran 5mil pesos, absurdo y me dio una idea de lo que me encontraría en dicho lugar, gente bailando, bebiendo  y gritando, decidí quedarme ahí en una esquina sola hasta al amanecer, pronto me acerque a la barra y pedí algo que tomar, no tenían corona, ni águila, pedí entonces una póker y a mi lado, un hombre con un inusual fajo de billetes que igual que yo parecía estar solo y no querer hablar con nadie se me hizo familiar. Claro, era él, alto, ojos hermosos, mirada profunda, toque su hombro y pregunté. -¿Vienes con alguien? Rápidamente se volteo y me miro de arriba abajo, sonrió y me respondió –Solo contigo. Me sonroje inmediatamente, pero intente mostrar mi poco interés, pero con los tragos, el ruido y lo preocupada que estaba por mi seguridad lo único que pude decir fue -Ok, con una sonrisa un poco picara. Había algo en él que era tan misterioso, no era tan atractivo pero parecía tan interesante y mi mente no dejaba de preguntarse ¿Quién se cambia de casa a esta hora? ¿Quién anda en un bar de mala muerte con tanto dinero en efectivo? Y en su momento mi ebria y asustada mente solo pudo imaginar que quizás y era propietario de la discoteca, lo sé, fue una estupidez. Entonces con esa voz calmada pero sensual preguntó -¿Cuál es tu nombre?- -Mariana ¿y el tuyo? Se quedó callado por un segundo, como si tratara de recordar su propio nombre, seguramente también estaba ebrio, imagine que su nombre era de esos nombres raros que les ponen a los niños como Anastasio, pero dijo: -Camilo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD