El estruendo de la alarma todavía retumbaba en mis oídos mientras Liam me empujaba instintivamente detrás de un escritorio, usando su cuerpo como escudo. Los hombres armados avanzaban con precisión, cada paso calculado, cada arma lista para disparar. —Isobel, no te muevas —gruñó Liam, con la voz tensa—. Quédate detrás de mí. Podía sentir la vibración de su respiración contra mi cuello, su calor que me envolvía mientras mi corazón palpitaba descontrolado. No era solo miedo lo que sentía; era la mezcla de peligro y deseo que Liam provocaba en mí, imposible de ignorar. El intruso se movió con rapidez, esquivando la línea de fuego mientras mantenía los ojos fijos en mí. Su expresión era de urgencia, y cada palabra suya resonaba con un peso que me hacía temblar. —Isobel, escucha con atenció

