Me muevo entre las sábanas sintiendo lo suave de las almohadas sobre mi rostro. Mi cuerpo se siente como una suave almohadilla, puedo estirar las piernas y sentir que me derrito como mantequilla. Levanto los brazos golpeando el respaldo de la cama, lo suficiente para sostenerme y estirarme más de lo que tengo permitido. —¡Soy una abejita! —bostezo. —>>>¿Te encuentras bien? —Excelente. —respondo. Mi cerebro hace corto circuito al instante que respondo, me quito la almohada y sábanas de encima incorporándome de golpe. La luz en el cuarto es leve por lo que no siento ningún golpe de la vida en este momento. Si la abuela y el estúpido de Chárlen no me dieran tantos problemas quizás no debería de preocuparme por mis ojos. —¿Dónde estamos? ¿Tu hotel? Vladenchenko se acerca a

