La lujuria pasó por las venas de Fabien, junto con un familiar diluvio de calor que le dijo que estaba a punto de llegar. Allí era donde su mente se apagaba, su único objetivo era bajar y alcanzar la adrenalina que venía con su liberación, y el subidón que lo llenaba después, como una maldita droga. Pero no se podía evitar la abrumadora y a la vez exquisita sensación de estar tan íntimamente envuelto por el coño de Madeleine, de sentirse tan satisfecho y al borde del éxtasis. Joder. Se sentían tan bien estar enterrado profundamente en su interior. Como si ella hubiera sido hecha para él, y para nadie más. Gimió y se estremeció mientras le daba las últimas embestidas, incluso mientras su mente se quejaba de los pensamientos que se le pasaban por la cabeza, porque no se suponía que fuera a

