CAPÍTULO 20 UNA CHICA AVENTURERA Pese a las objeciones de mi hermano a que yo los acompañara a visitar las minas, mi padre siguió firme en su decisión. Aun y cuando le expliqué que la cercanía que tenía con Dante se debía a nuestra amistada de niños, Troy seguía con su absurda sospecha de que entre los dos había algo más. — Solo falta Troy, ya no ha de tardar… — les dije a Dante y Axel. Nos encontrábamos a punto de abordar el avión privado de Dante para viajar hasta Tucson y de ahí a Sonora, donde estaba una de nuestras minas. Mi hermano, que llevaba casi 20 minutos de retraso, comenzaba a preocuparme… sí, era sobreprotector y algo bruto, pero nunca impuntual. — ¡Oh!, ahí viene… — dije cuando lo vi caminar hacia nosotros, con una enorme sonrisa en su rostro. Se veía muy animado, de

