Olivia... (Capitulo especial) Mantuve la sonrisa hasta que el eco de mis tacones dejó de resonar en el vestíbulo de la firma Montes. En cuanto las puertas del ascensor se cerraron, permití que mi rostro se relajara, recuperando esa neutralidad gélida que es mi verdadera armadura. No estoy furiosa la furia es una emoción barata que nubla el juicio. Lo que siento es una punzada de advertencia, esa vibración en la base del cráneo que me dice que una de mis piezas se está moviendo fuera de lugar. Caminé por el estacionamiento subterráneo con la elegancia de quien es dueña de cada centímetro de concreto que pisa. Al subir a mi auto, el silencio fue absoluto. Me tomé un segundo para observar mis manos sobre el volante de cuero impecables, firmes. Así es como he mantenido mi vida durante lo

