Alya Fuentes El mundo exterior era un borrón de luces y ruidos que no lograban penetrar la burbuja de cristal en la que me encontraba. Me subí a mi auto ¿A dónde podía ir? Tenía un nudo en la garganta No podía volver a la oficina. No podía soportar las miradas de nadie, ni la soberbia venenosa de Cameron, ni el fantasma de Mateo recorriendo cada pasillo. Tampoco quería ir al apartamento ese lugar donde él tenía llaves, donde cada rincón olía a su perfume y a sus promesas incumplidas. Mi única opción era mi antigua casa, el lugar donde vivía con mamá antes de que Mateo Montes se cruzara en nuestro destino y lo incendiara todo con su presencia. Al llegar, la casa se sentía fría, con ese olor a humedad y olvido de los lugares que han perdido su alma. Entré y cerré la puerta con doble

