Tres días después Matadi, selva del Congo Emily Muchas personas son adictas al peligro, se lanzan al abismo con una mezcla de osadía y testarudez. Les gusta vivir al límite, como si cada riesgo fuera una prueba de su coraje, pero no solo buscan un momento de adrenalina, es más bien una necesidad por demostrar que tienen el control, que pueden enfrentarse a lo desconocido y salir ilesos. La realidad, es que hay algo en ellos que los impulsa o los empuja a retar al destino, como si les gustará la oscuridad del peligro, convirtiéndola en su compañera fiel. Para ellos, el miedo es un murmullo que aprenden a silenciar. No es que no teman, sino que han entrenado su mente para que el miedo no los frene. Aunque olvidan lo más importante, no son invencibles, tampoco de acero, sino de carne y h

