Capítulo 12

1466 Words
Trevor miró a su hija, que lloraba con profunda tristeza. —Camila, sabía que esto terminaría así, pero quiero asegurarte que esta es la única manera de protegerte de la opinión pública. Si rechazas esta propuesta ahora, la gente te verá como cruel y tu futuro podría arruinarse. La empresa GlammaIy también quedaría devastada. Tal vez… este sea tu destino —le dijo con suavidad. Las lágrimas de Camila caían sin control. —Papá, nunca quise ni imaginé que esto se convertiría en algo tan grande hasta hoy. ¿No podemos revertir todo esto? —preguntó con desesperación. Miró a su padre a los ojos, buscando una respuesta. Al no obtener ninguna, continuó: —No amo a esa persona. No puedo simplemente casarme así —dijo con firmeza entre sollozos. —Camila, lo sé. De alguna manera, esto terminará siendo bueno para ti. Tienes que pasar por esto, ¿de acuerdo? —respondió Trevor. —Papi… —sollozó. ¿Cómo podía ser ese su destino? ¿Por qué su vida no seguía el camino que ella había planeado? Trevor la abrazó y le dio suaves palmadas en la espalda. —Sé que será difícil, pero aun así tienes que hacerlo —susurró. Camila solo lloró en su hombro, llena de tristeza. … Alexander Zack fue al apartamento de Renata. Tocó el timbre, pero ella no respondió. Por suerte, él ya conocía la contraseña. Entró y la encontró sentada, sosteniendo una taza de café, con los ojos llenos de lágrimas. Al verla, supo que llevaba mucho tiempo llorando. —Renata, ¿por qué no devolviste mis llamadas? ¿Y por qué no respondiste cuando toqué el timbre? Renata lo miró. —¿Por qué debería hacerlo? —preguntó entre lágrimas—. Ni siquiera me amas. ¿Por qué estás aquí cuando tienes a Camila? —añadió con amargura—. ¡Ya anunciaste tu boda públicamente! —su voz se quebró al alzarla. —Renata, lo siento mucho —dijo Alexander con pesar. Sabía que la había herido profundamente. —¡Traicionaste mi amor! ¡Me has estado mintiendo todo este tiempo! —gritó, furiosa. —No, Renata —los ojos de Alexander estaban rojos por las lágrimas—. Lo hice para salvar mi empresa. Renata, lo siento mucho. Yo… —se acercó a ella, tomó sus manos e intentó mirarla a los ojos. Renata apartó la mirada. —Eso son mentiras. Alexander, dijiste que siempre estarías ahí para mí, y ahora te has ido. Me lo demostraste cuando hiciste eso —señaló la noticia, con lágrimas corriendo por su rostro. —Fue solo para salvar la compañía de mi familia —insistió. —¡¿Y eso qué?! —Renata negó con la cabeza—. Podrías haber encontrado otra manera de salvarla, Alexander. Siempre encuentras una solución. Entonces, ¿por qué hiciste esto? —su voz estaba cargada de ira y dolor. Alexander también estaba destrozado por lo ocurrido. —No pude… Solo tenía que hacerlo —dijo con la voz ronca. Renata soltó una risa amarga y apartó sus manos de las de él. —Solo vete, Alexander —las lágrimas resbalaban por sus mejillas—. Me has roto el corazón. No eres tú quien debe decirme cuánto tiempo tardaré en superarlo. —Renata… no… —Alexander volvió a tomar sus manos mientras las lágrimas caían de sus ojos. —¿Entonces qué se supone que haga? —gritó ella—. No voy a competir con nadie. He estado contigo la mitad de mi vida. Entiendo por qué tuviste que hacer eso… pero lo que no entiendo es por qué tienes que casarte con ella. Ya no podía contener el llanto. Lo miró fijamente a los ojos. —No puedo soportarlo más, Alexander. El dolor y las lágrimas se sienten diferentes cuando vienen de alguien a quien realmente amas… alguien en quien creías que estaría a tu lado pase lo que pase —dijo entre sollozos. Alexander la miró con intensidad y respondió con voz profunda: —¡Nunca te dejaré ir! Renata lo observó, y por un momento su mirada se suavizó. —Ya lo hiciste —susurró—. Así que vete. Se levantó del sofá y caminó hacia su habitación. Cerró la puerta y, apoyando la espalda contra ella, rompió en llanto. Mientras tanto, Alexander se quedó de pie en la sala, mirando la puerta cerrada, con lágrimas cayendo silenciosamente por su rostro. --- Finca Glamorosa Ethan Zack llegó a la empresa y se dirigió directamente a la oficina de Alexander Zack. Al entrar, vio a Alexander de pie frente a la gran ventana francesa, con la mirada perdida en el horizonte. —Alexander —lo llamó. Alexander no se volvió de inmediato. —Presidente Zack, lo escuché entrar —respondió con voz firme. Luego se giró para mirarlo—. Sobre la producción, todavía estoy trabajando en ello. Todo va bien. Ethan observó a su nieto. Estaba más delgado y su semblante reflejaba agotamiento. —Alexander, ven, siéntate —le pidió con suavidad. Alexander obedeció. Felicity entró, dejó el café sobre la mesa y salió discretamente de la oficina. —Todo está listo. Esta vez no habrá errores en la producción —continuó Alexander. Ethan suspiró con pesar. —Sé que eres capaz de lograrlo. Pero te estás perdiendo a ti mismo. Ya no luces como antes… no te ves bien. Alexander esbozó una sonrisa amarga y lo miró con los ojos oscurecidos. —¿Casarme con esa chica? Ni siquiera la conozco. No quiero ni pensar en eso… ¿Debería estar feliz? —preguntó. —Alexander, sé que no quieres hacer esto, pero no tienes otra opción —respondió Ethan con voz grave. Alexander lo miró con el rostro inexpresivo. —Lo haré. Cuando fijen la fecha, lo haré. Ethan tomó un sorbo de café antes de continuar. —Ya conocimos a sus padres. Alexander levantó la mirada hacia él. —Ellos lo entienden, pero ella reaccionó con enojo. Quiero que la conozcas. —Está bien —respondió Alexander sin mostrar emoción alguna. Ethan lo observó con preocupación. Sabía lo que su nieto debía estar sintiendo, pero también creía que no había otra salida. —Debo irme ahora. Se puso de pie y Alexander lo acompañó hasta la puerta. Después de que Ethan se marchó, Felicity tocó suavemente y entró tras recibir permiso. —Señor, tiene reunión con la junta directiva a las diez en punto. Al mediodía visitará el sitio del centro comercial. A las dos de la tarde tiene una cita con el director de Nueva Zelanda para planificar el evento del sábado —informó. —Está bien. Libera mi agenda de esta noche. Tengo algo que atender. —Sí, señor. —Puedes retirarte. Felicity salió de la oficina y Alexander volvió a colocarse frente a la ventana francesa, sumido en profundos pensamientos. ---- Amy, la mejor amiga de Renata, fue a visitarla en cuanto escuchó la noticia. —Renata… —Abbey… —Renata se lanzó a abrazarla mientras las lágrimas llenaban sus ojos. —Escuché lo que pasó —dijo Abbey con preocupación. —Es demasiado cruel, Abbey. No puedo creer que Alexander me haya hecho esto —sollozó Renata. Abbey miró a su amiga llorando, consciente del dolor por el que debía estar pasando. Habían sido amigas desde la infancia, y Renata siempre le hablaba de Alexander. Sabía perfectamente lo que ambos sentían el uno por el otro. Abbey tomó la mano de su amiga con suavidad. —Renata, Alexander te ama. Se va a casar para salvar su empresa y evitar que fracase —le dijo con firmeza. Abbey lo sabía. En cuanto vio la noticia, comprendió que esa debía ser la única razón. Alexander jamás amaría a una desconocida ni cambiaría la forma en que veía o sentía por Renata. —Anímate y lucha por tu hombre —la alentó. Renata levantó la mirada hacia su adorable amiga, que siempre estaba a su lado. Su rostro estaba pálido y agotado. —Ya no hay nada por lo que luchar, Abbey. Pronto se casará… ya no queda ninguna batalla que pelear —dijo antes de romper en un llanto incontrolable. Abbey sintió un profundo dolor al verla así. Era la primera vez que veía a su amiga tan destrozada. —Eres un desastre, Renata… —intentó bromear suavemente para aliviar la tensión—. Vamos, veamos qué puedo hacer para animarte. Anda, ve a vestirte. Tenía que hacerla sonreír. Tenía que traer de vuelta a la Renata alegre de siempre. Renata negó con la cabeza. —No tengo ganas de ir a ningún lado —murmuró. —Vamos, Renata. No voy a dejarte así —insistió Abbey. Tomó su mano y la llevó hasta su habitación para que se cambiara.
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