Camila miró el rostro de la entrevistadora y dejó de sonreír. Tragó saliva; aquella pregunta era intimidante y directa. Recordó cuando Tommy se la había hecho durante una de sus prácticas. Entonces volvió a sonreír. —No solo puedo hacer el trabajo, también puedo ofrecer excelentes resultados. Puedo integrarme fácilmente al equipo y a la cultura de la empresa, y creo que sería una mejor elección que los demás candidatos. —¿Cuál es tu mayor fortaleza? —preguntó la mujer. Camila sonrió mientras inhalaba profundamente. —Soy buena motivando a los demás y resolviendo problemas. Me desempeño bien bajo presión, soy leal y mantengo una actitud positiva. Además, tengo muchas ganas de aprender, tomo la iniciativa y presto atención a los detalles. Después de una serie de preguntas, la entrevistad

