Alexander se despertó a la mañana siguiente y les preparó el desayuno a todos. Colocó la comida sobre la mesa del comedor y fue a llamar a Gabby. Tocó la puerta de su habitación. —Gabby, ¿puedo entrar? —¡No! Todavía estoy enojada contigo —gritó ella desde dentro. —Lo siento… además, preparé algo especial para el desayuno —dijo con sinceridad. Gabby sonrió al oír eso, pero aun así se negó a abrir. —No voy a comer. Alexander suspiró suavemente. —También preparé algo para Camila… si eso te hace sentir mejor. Gabby supo de inmediato que hablaba de Camila. Sonrió y corrió hacia la puerta. La abrió y lo miró con fingida indiferencia. —No te pregunté eso. Alexander sonrió al verla salir. —¿Entonces vas a comer? —Déjame ir a lavarme primero —respondió con una sonrisa antes de cerrar la

